El lenguaje separatista es una mancha que todo lo impregna, y tenemos que evitar quedarnos pringados de su viscosidad argumental. Por ejemplo, la “desjudicialización” de la política catalana que con tanto ahínco defiende buena parte de la izquierda española, y que para el independentismo es sinónimo de “impunidad”. Cuando se habla de “desjudicializar” lo que pide el separatismo es que ningún juez meta las narices en sus corruptelas y en su malversación de dinero público.
La “desjudicialización”, adornada con el ‘lawfare’ que es el término que usan para descalificar a nuestros tribunales democráticos, es el gran objetivo secesionista desde que Jordi Pujol sacó a la gente a la calle para que no le condenaran por el escándalo de Banca Catalana. Felipe González se arrugó, pero los nacionalistas catalanes decidieron que había que garantizarse la impunidad, sin depender de la voluntad política del inquilino de La Moncloa.
Nunca deberíamos la olvidar la pretensión, claramente inconstitucional y que fue tumbada por el Tribunal Constitucional, de colar en el Estatuto de autonomía catalán del 2006 un sistema judicial en Cataluña que se controlaba desde Barcelona. Y como Puigdemont pretendió, en la legislación que precedió a su intento de golpe de Estado, imponer un Tribunal Supremo catalán a las órdenes del presidente de la Generalitat.
Otro término separatista altamente tóxico es la “mesa de diálogo” que es lo mismo que es una versión puesta al día de lo que fue el pujolismo, pero mucho más desagradable, dado que el independentismo, que anda muy crecido, no se corta a la hora de reivindicar su golpe de Estado del 2017 como una «lucha por la libertad» totalmente legítima. Y ahí está la ley de amnistía para blanquear sus delitos.
Que parte de la izquierda del resto de España le compre al separatismo el término “exiliados” para referirse a los prófugos de la justicia, que han huido del país para no afrontar las consecuencias legales de sus (presuntas) conductas delictivas, como intentar dar golpes de Estado para destruir la democracia española, es casi lo peor de esta asunción por parte de nuestro presunto ‘progresismo’ del vocabulario secesionista.
Mientras les sigamos la corriente y utilizando su lenguaje, el independentismo seguirá avanzando, a cosa de los derechos civiles de millones de catalanes. Queda mucho camino para acabar con los supremacismos nacionalistas que atacan a nuestro sistema democrático. Comencemos por no comprarles su vocabulario.
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