Que una gloria de la cultura secesionista como Lluís Llach solo consiga reunir, como presidente de la ANC, a unas docenas de personas cada vez que monta una protesta contra el Rey o los jueces refleja la decadencia de un movimiento que llegó a ser transversal y a convocar a centenares de miles de ciudadanos.
Si Pedro Sánchez no necesitara a los separatistas no pintarían nada ni en Madrid, ni en Barcelona, ni en lo que llaman ‘Països Catalans’. Ahí está Valencia, Baleares, Aragón y las circunscripciones electorales francesas de lo que llaman “Catalunya Nord”. Todas ellas en manos de formaciones que combaten el pancatalanismo. Cuánto más los conocen, menos les votan.
Han fracasado, sobre todo en Cataluña, y solo les queda la complicidad del PSOE y el PSC para seguir oprimiendo a la gente. ¿Para esto se han gastado más de quince mil millones de euros de nuestro dinero en TV3 y Catalunya Ràdio y ni se sabe lo invertido en un cuerpo de comisarios lingüísticos a los que llaman “profesores de la escuela pública”? ¿Para esto se gastan una pasta en chivatos lingüísticos como los de Plataforma per la Llengua? Si no fuera por Pedro Sánchez y Salvador Illa ya no pintarían nada.
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