Los nueve mandamientos del ‘procés’

El (ex) president “Fuigdelmón”, que gusta de hacer “Skypes” desde ultratumba mediante balbuceante retórica e indescifrable simbología, se marca un “Manneken Pis” en el corazón europeo y, cual Cristiano Ronaldo, decide -a través de su singular e inclasificable derecho a decidir- que es el mejor gobernante de toda la historia de Europa al introducir un elemento novísimo a la hora de celebrar campañas: dar entrevistas en los “claros de bosque” extranjeros (emulando así el paraje de ciertos de vídeos impuros) en las que proclama la “in(ter)dependencia” desde el “cerco fronterizo” entre la “ciudad de Dios” y la “ciudad del Hombre”, en las que reafirma la decadencia de todos y cada uno de los líderes de esas “small & beautiful nations” que han configurado el devenir de la historia política mundial y, por fin,  en las que enuncia los nueve mandamientos del procés -por aquello de la humildad bíblica- que no son, ni más ni menos, que reformulaciones -del universal y necesario- imperativo categórico Kantiano: “parla”, canta, “defensa´t”, imprime, “piula”, baja-a-la-calle, “penja coses al balcó”, “PICA-CASSOLES”, y, por último, “ ves-de-amarillo”.

Es obvio que, ante tal elevación discursiva, sólo me cabe ponerme el “babero amarillo” y subirme a un tractor, también amarillo, para hacer llegar el “evangelio ubú”, pues babeo de un placer intelectual, que, unido al deleite estético-contemplativo ante semejante figura, impuesta a mi mirada a través de ese ojo rasgado, ese cabello desaliñado y ese porte “her-cúleo”, me deja postrado en el comedor de mi morada, como abducido por la “teletrés”. A uno le queda la duda -resuelta en los “medios de (in)comunicación” y las “escuelas (proto)fascistas” del mono-lingüismo nacionalista- de saber exactamente de qué temas hay que hablar, qué himnos y canciones debemos cantar, qué carteles o papeletas merecemos imprimir, qué cosas u objetos estamos autorizados a colgar, qué sentencias y aforismos hay que piar y de qué enemigos o ataques hay que defenderse…y ese señor me deja huérfano de toda comprensión, ya que, ¿qué será de mí, si, desde hoy hasta el 21-D me visto de amarillo, bajo a la calle y pico cazuelas?, oh, entonces, ¿Para qué poetas en tiempos de penurias?, entonces, oh, ¿Por qué el ser y no más bien la nada?

Dejando a un lado esas tres interrogaciones, de igual valor epistémico, uno no entiende porqué la cuestión de los medios de (in)comunicación y las escuelas (proto)fascistas del mono-lingüismo nacionalista no fueron tratadas, de manera desacomplejada, articulada, directa “y en español también, si us plau”, por los líderes “constitucionalistas” de PP, PSC y C’s en el primer debate electoral televisado por TVE, siendo estas dos cuestiones, a mi entender, la condición de posibilidad de esta enajenación soberanista, de este supremacismo catalanista, de este delirio nacionalista. Enajenación, supremacismo y delirio que violenta el marco mental de los Españoles de Cataluña, de los Catalanes de España, para ponerlo al servicio de la mediocridad institucional y del cinismo internacional, pagando, por supuesto, el navideño y silente peaje de familiares, parejas y amigos perdidos.

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