Dentro del campo de estudio de las ideologías políticas, se podría decir en términos generales que el liberalismo es una doctrina que defiende la libertad individual, la igualdad ante la ley y una reducción del poder del Estado, así como el derecho de propiedad, la libertad de asociación, la libertad de expresión y la libertad de religión entre otras. Evidentemente, bajo estas premisas, todo buen demócrata que se precie de serlo debería de sentirse liberal.
A partir de aquí vemos que mientras ideologías políticas como el comunismo, el fascismo o el anarquismo entre otras, tienen un cuerpo ideológico muy definido por dos o tres pensadores, el liberalismo es una ideología que podríamos definir como acumulativa, que surge en la Inglaterra en el siglo XVIII con autores como John Locke o Adam Smith, a los que más adelante se unen otros como Immanuel Kant desde Alemania, y evidentemente toda la carga ideológica de la independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa.
La manifestación teórica del liberalismo, y su traslación práctica de la aplicación de estas políticas desde entonces hasta la actualidad, nos han ofrecido liberalismos de derechas y liberalismos de izquierdas. Un ejemplo claro de liberalismo de izquierdas, ha sido y es la socialdemocracia que hoy en España encarna el PSOE, y por lo que respecta a los liberalismos de derechas, tenemos al PP y a Ciudadanos como los dos únicos partidos políticos que se autodefinen como liberales, con la única diferencia de que mientras el PP asume sin rechistar las políticas ideológicas del liberalismo socialista del PSOE relacionadas con la familia, la ideología de género y el agnosticismo, Ciudadanos da la sensación de que pretende adelantar al PSOE y a Unidos/as Podemos por la izquierda, planteando iniciativas legislativas en cuestiones como la Ley de transexuales o los vientres de alquiler, que superan en permisividad las propuestas más alocadas e hiperventiladas de Podemos.
Por todo ello, el liberalismo como ideología política es capaz de lo mejor y de lo peor. Evidentemente, si nos ceñimos a la defensa de la libertad y de la igualdad ante la Ley de los iniciadores del liberalismo, estamos ante una ideología democrática que está insertada de pleno y que sustenta el Estado de derecho, pero si partimos de la premisa que se trata de una ideología basada desde sus inicios en el individualismo y en el mercantilismo, vemos entonces que el liberalismo trata al ser humano como si fuera mera mercancía, que hay que proteger pero que se puede hacer con ella lo que las leyes de mercado permitan.
Así, por ejemplo, si una mujer quiere tener un hijo, y quiere ahorrarse las molestias de nueve meses de embarazo y el posterior parto, pues le alquila el vientre a otra; si un hijo que va a nacer resulta molesto por cuestiones económicas o porque no estaba prevista su llegada, pues se le elimina y asunto resuelto; si una persona quiere cambiar de sexo sin acudir al quirófano, pues se va al Registro Civil y lo hace sin más; si un empresario quiere explotar a sus trabajadores, como según la praxis liberal son mera mercancía, pues lo hace siempre que se lo permitan las leyes laborales, y así un largo etcétera. Se puede concluir, por tanto, que el lado negativo de la ideología liberal deshumaniza a la persona, y fue básicamente por éste motivo que la Iglesia católica en su encíclica «Mirari vos» condenó toda forma de liberalismo y prohibió esas ideas a los católicos.
En la misma línea se sitúa el papa Francisco cuando introduce lo que denomina la «Teoría del descarte», que impone el individualismo y el relativismo, cuando equipara a los seres humanos con objetos que como los electrodomésticos, cuando se estropean no nos molestamos en arreglarlos porque podemos comprar otros. Así si molesta un hijo que va a nacer o si presenta malformaciones, se le descarta porque ya tendremos otro más sano o cuando nos venga bien; si molesta el abuelo o la abuela, se le descarta con prácticas eutanásicas porque es una carga para la familia, si a una esposa o a un esposo le incomoda algo de su cónyuge, pues lo descarta de su vida divorciándose porque supone que encontrará otro mejor, y si incomoda un mendigo también se le descarta de la sociedad.
El problema de las ideologías es que como muchas personas tienen su parte buena y su parte mala. Es muy probable que hombres como Hitler o Stalin tuviesen aspectos positivos, y sus ideologías en algunas cosas fuesen aceptables o modernas en su tiempo, pero si una persona se autodefine como nacional-socialista o como comunista, tiene que asumir su ideología en su integridad, comprando el pack entero. Algo parecido pasa con el liberalismo.
Juan Carlos Segura Just
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