
La verdad es que no suelo seguir la labor pastoral del arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, pero ayer, por casualidad, leí, en un medio de comunicación local, su carta o reflexión semanal titulada “Fe i país, de festa”, que coincide con la que aparece hoy en el “Full Dominical”.
En la misma empieza diciendo: “En el nostre país celebrem les diades festives dels dos patrons: sant Jordi i la Mare de Déu de Montserrat”. Y más adelante añade: “El poble català, de profundes arrels cristianes, ha conservat les seves devocions —especialment la de Montserrat— precisament gràcies a aquest «fer país» (…). El document Arrels cristianes de Catalunya, de l’any 1985, destacava Montserrat com un dels santuaris que han marcat profundament la pietat i la identitat col·lectiva de la nostra terra. (…) En aquest context, les festes de sant Jordi i de la Mare de Déu de Montserrat són una oportunitat privilegiada per a repensar la relació entre cultura, identitat i fe”.
Es decir, sigue insistiendo en la promoción del alma nacionalista de la Iglesia catalana, hecho que, en los últimos años, he tenido que denunciar en diversas ocasiones en estas mismas páginas.
Hace un año y medio, en un macroencuentro del clero catalán en Montserrat, el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, como presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense, subrayó en su homilía que “con estos encuentros mantenemos la convicción de la unidad pastoral de las diócesis con sede en Cataluña”. Además, los referenció al documento ya citado de “Raíces cristianas de Cataluña”, al Concilio Provincial Tarraconense y al texto que también firmaron los obispos catalanes “Al servei del nostre poble”. El arzobispo Planellas recordó que en todos estos textos “se daba fe de la realidad nacional de Cataluña, abordada a lo largo de mil años de historia”. Ha reivindicado «la unidad pastoral de Cataluña», en la idea de que es imprescindible que las diócesis con sede en Cataluña tengan una dinámica conjunta para responder al “perfil propio del país” y a la proyección en la sociedad catalana.
Dentro de sus prioridades, y respecto a la creciente inmigración, en una clara idea de instrumentalización de la misma, dijo: “Es importante también, teniendo en cuenta la llegada y la presencia de estas personas entre nosotros, en nuestras comunidades, que seamos capaces de transmitir el amor por nuestra lengua, para que la tengan muy presente y, si puede ser, que la incorporen pronto a su día a día, sabiéndola hablar y sabiéndola escribir”.
Y para ello añadió: “Para hacerlo posible, nosotros, diáconos, presbíteros y obispos, tenemos que protegerla (la lengua), lo tenemos que mantener presente en nuestras celebraciones, en nuestros textos. En este sentido, y a modo de ejemplo, sería necesario poder disponer en catalán de un buen repositorio online de los principales textos de los documentos eclesiales y del Magisterio”.
Hay que recordar que hace dos años diversos medios de comunicación de Tarragona publicaban en portada titulares como este: “El Arzobispado de Tarragona pide perdón a las víctimas del franquismo”. Así lo expresó entonces públicamente el vicario general Joan Àguila Chavero (segunda autoridad del Arzobispado), en nombre del arzobispo, el 14 de abril (aniversario de la proclamación de la II República), rodeado de banderas republicanas, así como de diversos concejales y líderes locales del PSC, ERC, Podemos y Junts, en el homenaje anual a las víctimas de la represión franquista que se viene celebrando en el cementerio de Tarragona.
Al vicario general y al propio arzobispo, sin embargo, no les he escuchado recordar, al menos públicamente, a los casi 9.000 asesinados —la inmensa mayoría de ellos por ser de derechas y católicos, entre los que había 2.437 religiosos y cuatro obispos— que se produjeron en la retaguardia de la Cataluña del Front Popular presidida por Lluís Companys, ni la devastación de más de cuatro mil templos, con decenas de miles de imágenes religiosas, muchas de ellas de un enorme valor histórico y artístico. En España, en tres años, en lo que fue la mayor persecución y masacre de cristianos de la historia (que empezó ya en 1934 con los mártires de Turón), fueron asesinados 7.000 religiosos.
Solo en la Archidiócesis de Lérida fueron asesinados 270 clérigos y un obispo (un 65 % del total), en la de Tortosa 316 religiosos (el 62 %), junto a Barbastro los porcentajes más altos de toda España, y en la de Tarragona fueron asesinados 141 (el 32,4 %). Parece que estos mártires ahora a los jerarcas de la Iglesia católica catalana les resultan molestos y prefieren echar tierra encima de este espinoso asunto. Es decir, el Arzobispado se dedica ahora a pedir perdón a los herederos de los verdugos de la propia Iglesia, a los que tenían como objetivo exterminarla, en cuyo cometido se emplearon a fondo.

Joan Planellas fue nombrado arzobispo de Tarragona el 4 de mayo de 2019. En esa época era considerado uno de los curas catalanes próximos al independentismo. Unos años antes, en septiembre de 2015, tuvo su “momento de gloria”, pues, siendo rector de varias pequeñas parroquias del Empordà, entre ellas la del pueblo de Jafre, permitió que ondeara una estelada en el campanario de la iglesia y cumplió la orden de hacer sonar las campanas a las 17:14 h (por aquello de 1714), tal como le habían sugerido o exigido las fuerzas políticas separatistas. Este hecho provocó la protesta pública de la familia del dramaturgo Albert Boadella, que reside en dicho pueblo.
Según Dolors Caminal (esposa de Albert Boadella), el clérigo, ante su protesta, les respondió: «He hecho lo que el pueblo me ha pedido. Y, si no os gusta la bandera del campanario, vosotros podéis poner la bandera española en vuestro balcón». Una manera de responder impropia para un pastor de la Iglesia católica y, sobre todo, una actitud nada neutral y de total sumisión a las fuerzas políticas secesionistas.
En junio del año 2023, el obispo Planellas nombró para su diócesis al ya citado Joan Àguila Chavero como nuevo vicario general (con amplias funciones). Mosén Àguila fue uno de los 400 sacerdotes catalanes que estampó su firma en el manifiesto independentista de septiembre de 2017. En una entrevista que le hizo “Flama” (Agència Cristiana de Notícies), poco después de ser nombrado vicario general, dejó perlas muy clarificadoras. El titular de la entrevista fue: “L’Església també ha de reclamar drets com els que vol l’independentisme”.
El arzobispo Planellas suele hablar de las milenarias raíces de la Iglesia catalana, como si aquí hubiera empezado todo, cuando la verdadera implantación del cristianismo en España se produce con el reino visigodo, especialmente tras la conversión del rey Recaredo en el año 589. El cristianismo pasa a ser religión oficial y Toledo se convierte en el centro político y religioso principal. En este periodo se empiezan a construir iglesias y catedrales tempranas en todo lo que fue la Hispania romana y se celebran los conocidos como Concilios de Toledo (entre el año 397 y 702 d. C.).
La Iglesia catalana ha sido y es un importante instrumento de promoción del separatismo: lleva décadas predicando y exhibiendo la ideología y la simbología independentista; hace suyo el lema “una sola llengua i un sol poble”, menospreciando a los fieles no nacionalistas castellanoparlantes, cuando, a pesar de las imposiciones lingüísticas y según datos de la propia Generalitat, el 47 % de los catalanes tiene el castellano como lengua habitual y solo el 32 % el catalán. Aun así, todas las publicaciones del Arzobispado, incluido el Full Dominical (Hoja Dominical), suelen ser exclusivamente en catalán; además, la población castellanoparlante suele formar parte de los sectores más pobres y humildes de la sociedad catalana, a los que parecen considerar de segunda categoría. Y se comporta en gran medida como algo ajeno a la Conferencia Episcopal Española (que, por cierto, prefiere mirar, ante todo esto, para otro lado).
Parecen olvidar que la Iglesia católica ha hablado y habla eminentemente en español. Uno de los principales frutos de los Reyes Católicos y la España imperial fue expandir el catolicismo por todos sus dominios, especialmente en América.
No parece importarles que sus templos y sus seminarios se estén quedando prácticamente vacíos. El laicismo ha crecido en las últimas cinco décadas drásticamente en Cataluña, pues son muchos los que han ido sustituyendo la fe en Dios por su fe en esa pseudo-religión que es el nacional-separatismo (“El nacionalismo es una nueva forma de idolatría: la nación adora su propia imagen en vez de adorar a Dios”, Vladimir Soloviev).
Pero, paradójicamente, se están viendo obligados a echar mano de nuevos sacerdotes africanos o hispanoamericanos. Cataluña es la región española con el menor número porcentual de católicos (siendo buena parte de los nuevos fieles de origen hispanoamericano) y, de estos, los que van a la iglesia cada semana no llegan al 7 %, mientras un 53 % de musulmanes (que en pocos años llegarán al millón de fieles en Cataluña) sí acude a la mezquita. También está a la cola entre los contribuyentes que marcan la ‘X’ de la Iglesia en la casilla de la Renta.
No es casualidad que Cataluña y Vascongadas, las dos regiones españolas que más han abrazado el separatismo, ocupen los últimos lugares en todo lo relativo a la Iglesia católica, incluido el número de seminaristas. Les voy a ofrecer una pequeña muestra: en la Archidiócesis de Toledo, en el curso pastoral 2024-2025, había un total de 123 seminaristas (80 seminaristas mayores y 43 seminaristas menores); en la de Madrid, 96 seminaristas, que, si sumamos los de la vecina diócesis de Alcalá de Henares, que cuenta con 47, hacen un total de 143; en la de Murcia, 60 seminaristas, o en la de Córdoba, 58. En el conjunto de las diócesis vascas (Bilbao, San Sebastián y Vitoria) hay un total de 15 seminaristas. En la de Tarragona hay 3 seminaristas y en el conjunto de las 10 diócesis con sede en Cataluña hay un total de 46.
En la Archidiócesis de Toledo, en el curso pastoral 2024-2025, había un total de 123 seminaristas (80 seminaristas mayores y 43 seminaristas menores); en la de Madrid, 96 seminaristas, que, si sumamos los de la vecina diócesis de Alcalá de Henares, que cuenta con 47, hacen un total de 143; en la de Murcia, 60 seminaristas; en la de Córdoba, 58. En la Archidiócesis de Tarragona, que preside Mons. Planellas, hay 3 seminaristas y en el conjunto de las 10 diócesis con sede en Cataluña (incluida Barcelona) hay un total de 46 seminaristas.
En fin, no me queda más que felicitar, irónicamente, a monseñor Planellas y al resto de obispos catalanes que tanto veneran la “llengua i la nació” por su tan fructífera y excluyente labor pastoral.
Salvador Caamaño Morado (autor del libro “Tarragona 1936. Terror en la retaguardia”)
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Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.
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