Me niego a definir de nuevo lo que es la mal llamada inmersión lingüística impuesta en Cataluña. El motivo esencial es que no es una inmersión lingüística. Tratar de inmersión a un sistema en el que la lengua catalana (podría ser vasca, valenciana o gallega) es utilizada como herramienta de dominación y control por parte de una minoría que, además de ejercer el poder político y económico sobre la mayoría abortan su capacidad de expresarse y su derecho a sentirse escuchados como ciudadanos, cuanto menos, una falacia.
En el caso de la enseñanza los alumnos sometidos a una imposición lingüística se han convertido junto a sus familias en víctimas propiciatorias enfrentadas a un sistema que les ocasiona bajo rendimiento académico, desapego, tensiones familiares, impacto negativo en la autoimagen, alienación, etc.
Por si la nula gestión para aumentar la calidad educativa y la verdadera cohesión social no fuera suficiente nos encontramos ahora con una novedad, si cabe más escandalosa, han nacido las “aulas de acogida exprés” para niños y jóvenes hispanohablantes. Se trata de una modalidad de aula de “acogida” más cruel para las familias y alumnos que las sufrirán y más beneficiosa para ciertos colectivos docentes de dudosa vocación.
En ellas los alumnos son alejados durante meses alejados del aula ordinaria, la que les correspondería por edad y nivel educativo. A partir de aquí podemos deducir fácilmente que al menos durante un curso el español no contaminará las sacras lengua vernácula y los alumnos catalanohablantes no serán expuestos al peligro de infección lingüística, no llorarán en las aulas por no poder hablar en catalán y sus familias ocuparán un lugar de honor en las federaciones de familias de alumnos, quizás puedan acceder a los Consejos Escolares y todo.
A este lacerante desatino sobre familias castellanohablantes, cuyos hijos han de verse en esas aulas, se le intenta revestir con un disfraz sin tejido, es decir, se pretende que creamos que a estos niños y jóvenes se les facilita la integración lingüística y social para, después de unos meses aislados, incorporarse al currículo general en pie de igualdad con el alumnado de aula ordinaria catalanohablante.
Lo que no saben la mayoría de los ciudadanos, víctimas de impuestos abusivos mal gestionados, es que estos niños se incorporan a un currículo que no han visto nunca por lo que pierden por lo menos un curso. Nos dicen los doctos gestores de educación catalanes que, mientras reciben formación intensiva en catalán, los alumnos también asisten a algunas clases regulares (especialmente en materias donde el lenguaje no es un obstáculo significativo, como la educación física, arte o tecnología) para que no pierdan el ritmo en las demás áreas del currículo escolar.
¿De verdad pretenden que creamos que con la existencia del aula de acogida exprés aumenta la cohesión social, el bonito multilingüismo y la diversidad cultural? ¿Se gestionan estas aulas para evitar tanto el bienestar académico como emocional de los estudiantes? ¿Se atiende a las familias en su lengua para que puedan saber cómo se está educando a sus hijos? ¿El sistema de transición a las aulas ordinarias es tan abrupto como si movieras un mueble?
Estas preguntas solo tienen una respuesta, el aula de acogida exprés, tiene un objetivo fundamental antes citado, no contaminar las aulas ordinarias con la lengua española y, además, son simples aulas de aprendizaje intensivo de la lengua catalana en las que lo que menos importa es la acogida, la enseñanza y la trillada diversidad cultural. El sentido de pertenencia del alumnado hispanohablante y de sus familias es anulado de raíz.
Es urgente hacer un balance entre la pretendida protección de la lengua catalana y el respeto a las lenguas maternas. Es necesario promover un debate basado en realidades contrastadas sobre la pretendida marginación del catalán apoyada en una Historia que no existió y en unas víctimas que no lo fueron. Es urgente también que el ciudadano pueda escoger la lengua vehicular en la que quiere educar a sus hijos o gestionar una educación que equilibre la enseñanza en catalán y en castellano.
Barcelona a 6 de octubre de 2024. Berta Romera es secretaria general de Aixeca’t-Levántate
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