Lazo amarillo, visto y no visto

Es curioso observar como cada día cuando saco a pasear a mi perro, va depositando rastros de orina amarilla por árboles y esquinas. La etología nos describe este comportamiento animal, como aquella conducta instintiva que pretende delimitar la pertenencia de una zona determinada, para que cuando acudan otros perros sepan que ese perímetro delimitado olfativamente, pertenece a otro cánido.

Muy similar es el comportamiento de los separatistas cuando entrelazan plásticos, también amarillos, en verjas, vallas, postes, farolas y todo aquello que sea susceptible de ser enlazado. Esta actividad, al margen del daño medioambiental que produce, inundando ciudades y zonas rurales de plástico, a priori pretende reclamar la libertad de lo que ellos llaman “presos políticos”, cuando en realidad son “políticos presos”, que no es lo mismo.

Sin embargo lo que se intenta es realizar una demostración de dominio del espacio público, que se complementa con la omnipresente presencia de esteladas en lugares bien visibles, como pueden ser las rotondas, balcones de ayuntamientos, torres, castillos, cimas de montañas, etc.

La presencia de banderas esteladas y lazos amarillos son simples recordatorios dirigidos a la población, de que Cataluña pertenece a los separatistas, porque los supremacistas tienen el profundo convencimiento de que ellos son los amos y señores de Cataluña.

Esta situación de sometimiento visual, que ya practicaron en su día los nacional-socialistas alemanes y los comunistas, con la omnipresencia de sus banderas y símbolos en las calles, constituye una pauta histórica de demostración de dominación social, por el que una minoría pretende imponer su presencia simbólica a la mayoría.

Pero los tiempos cambian, y lo que no pudieron hacer los alemanes y los pueblos sometidos a las dictaduras comunistas, lo están haciendo ahora en nuestra amada Cataluña, brigadas autónomas de ciudadanos, que de noche o a la plena luz del día, se dedican a limpiar nuestras calles y nuestros campos de simbología separatista.

Yo mismo pertenezco a una de estas agrupaciones de ciudadanos, que en muchas ocasiones, sin conocernos personalmente, acudimos a lugares determinados convocados por mensajes de whatsapp, para realizar labores cívicas de limpieza, que los servicios municipales no realizan, porque están atemorizados por los dirigentes políticos de sus ayuntamientos.

Resulta tremendamente llamativo ver a familias enteras, realizando con entusiasmo estas actividades ciudadanas, ecológicas y de preservación del entorno, transmitiendo los deberes cívicos a sus hijos.

Hemos comprobado que después de realizar varios trabajos de limpieza en el mismo lugar, los separatistas no han vuelto a ensuciar la zona con sus lazos o esteladas, y esta actitud de renuncia, acredita que no vuelven a hacerlo, porque saben positivamente que todo lazo que pongan será retirado en poco tiempo.

Personalmente me encargué de coordinar la limpieza de lazos amarillos, de la verja de la Facultad de Medicina del Hospital Clínico de Barcelona, en la calle Casanovas, en la que después de dedicar los supremacistas una noche entera y toda la mañana siguiente, cubriendo de miles de lazos la enorme verja que alcanza el perímetro de dos manzanas del ensanche barcelonés.

Al día siguiente unas sesenta personas en una escasa media hora, limpiamos toda la verja. Con esta acción cívica conseguimos adecentar el barrió, el hospital y frustrar una grabación de TV3, que estaba programada con los mismos que habían colocado los lazos.

En numerosas ocasiones hemos comprobado como son empleados o funcionarios municipales, los encargados de poner lazos amarillos en sus propios municipios, obedeciendo la orden del alcalde, de dedicar casi toda la jornada laboral a ensuciar la villa.

Frecuentemente se ha comparado el proceso de independencia de Cataluña con el viaje a Itaca. De hecho la similitud es muy acertada, porque la Cataluña infestada de lazos amarillos se asemeja el tapiz de Penélope, en el que lo que se tejía durante el día, era desecho por la noche.

Además sus pretendientes vivían en constantes bacanales que arruinaban la hacienda del reino. Esperemos que por fin llegue Ulíses y expulse a todos los vividores, restableciendo la paz y la riqueza de Itaca.

Juan Carlos Segura Just
Doctor en derecho

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