La dirección de la UGT catalana está controlada por el separatismo desde hace años, apoyando continuamente a los partidos secesionistas durante buena parte del ‘procés’, usando su lenguaje y su argumentario y siendo cómplice de la deriva tribalista de la Generalitat.
Por ejemplo, han generado más titulares por su apoyo constante al «dret a decidir» o a una golpista como Dolors Bassa – que fue ex dirigente del sindicato – que por su defensa de los derechos laborales de los trabajadores catalanes. La dirección de la UGT catalana se ha convertido en un apéndice más del movimiento separatista.
El independentismo no solo ha situado a uno de sus compañeros de viaje, Pepe Álvarez, al frente de la UGT nacional. También ha conseguido que al frente de la sucursal catalana esté un fanático secesionista como Camil Ros.
Camil Ros en su juventud fue dirigente de Maulets, la Jarrai catalana, pero que hizo los primeros pinitos serios de su carrera política al frente de las también muy radicales juventudes de Esquerra Republicana. Tras ser captado por Álvarez para los puestos de dirección del sindicato en Gerona, fue escalando hasta conseguir ser la cabeza visible de la organización.
Ros fue muy activo en defensa de los condenados por el Supremo por sedición y ha convertido a un sindicato de clase en algo muy parecido al club de amigos de Carles Puigdemont. Cualquier día cambiará la tradicional bandera roja como símbolo de la UGT por una ‘estelada’ con un lazo amarillo.
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