La sinfonía inacabada

Eugenio Trías tiene una obra exquisita, sobre el papel que juega la música en el ser humano: “La imaginación sonora”. La importancia de la música en la filosofía de Trias le ha servido para elaborar un pensamiento que busca comprender el mundo, el sentido del mundo, a través de ese arte cuya contingencia siempre está presente.

Desconozco si los patriotas culturales del “Palau de la Música” han tenido tiempo de leerla, dado el papel que ellos han jugado en valerse de la música para corromper a la sociedad catalana, a través de un arte que estaba llamado, en frase de Trías, “a desarrollar una imaginación que genera sentimientos emocionales y sensibles”.

Desconozco si en el tradicional y esencial Concierto de Sant Esteve se aprovecharon aquellos momentos de sublime goce musical para pergeñar las trapisondas en que han convertido el “Palau de la Música”, cual palco vulgar que en otras actividades se han denunciado.

El arte es una tarea humana que desarrolla la creatividad para explorar el mundo y empezar a reconocer sus límites y, en ocasiones, a traspasarlos. El arte nos conlleva a la experiencia que puede indicarnos en dónde termina y en dónde comienza el mundo. La música genera un ambiente un “medio ambiente” que permite que el mundo surja como mundo, como habitación nuestra.

Uno se extraña de lo que ha ocurrido en esta sociedad catalana en donde se han pervertido tantos valores y se siguen pervirtiendo y luego se hace gala de una exquisitez cultura y sensibilidad especial como es tener un “Palau de la Música”, un Liceo en los que, con cualquier excusa se cantan himnos patrióticos y se oyen partituras que trinan paz, felicidad y amor.

¿Cómo es posible poder convivir con estas asonancias musicales, pues son una contrasentido “in sensu termini”? ¿Cómo se puede entender que se proclame que somos sensibles, cultos, afables emocionales, mientras con el otro oído escuchamos las insidias de corrupción, engaño, robo de los derechos y de las necesidades de ese pueblo que tanto decimos amar?

No cabe en cabeza, con un mínimo de sentido común, estas dos almas.

Estas reflexiones nos llevan, como dice Trías, al hilo de Ariadna, que no puede ser otra cosa, según nos dice la tradición clásica, qué es la felicidad, qué es la sabiduría, qué es la autorrealización, quizás tengamos que tirar del ovillo de Ariadna para entender este inmenso lío, revoltijo en que se ha convertido la madeja de la sociedad catalana, que ha perdido el norte desde hace tiempo, que ha logrado romperse, por ahora, en dos opciones irreconciliables y en donde cada una de ellas siguen caminos diferentes. No deja ser todo un símbolo, el que el detonante de todo esto haya sido un “Palau de la Música”, una de las artes más amadas de los dioses.

La música, tanto para Trías como para otros, será la respuesta a una búsqueda de sentido, una de las vías de respuesta a la gran pregunta humana expresada del “inquietudo cordis”, provocada por la insuficiencia del mundo, que se nos ofrecen, por la inhospitalidad, para decirlo con pensamiento de Trías, del estatuto originario del mundo en su contingencia. La música, debería evitar que nos disolvamos en tiempo y que, aunque sea por un momento, experimentemos el mundo con oídos de eternidad.

Esperemos que esta sociedad tan dada a llevar lazos, pedir libertad, rasgarse las vestiduras antes las falacias de algunos políticos a los que se responde con cantos patrióticos, haga un concierto de desagravio en el que por lo menos quede para el pueblo normal que es imposible que “La Música” sea usada para desvalijar los bolsillos de muchos, que nunca ha logrado pisar ese “Palau” pues no podían pagar la entrada.

Así por lo menos al igual que la sinfonía inacabada, de Schubert que fue escrita bajo la presión de su inmediata muerte de sífilis, servirá para paliar los malos presagios y la reconciliación.

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