Con cierta frecuencia suelo decir que en muchas cosas de la vida lo importante es saber si uno está sentado (metafóricamente hablando) en una silla o en un taburete, pues si crees que estás en una silla, cuando quieres apoyarte en el respaldo es muy lamentable descubrir que uno estaba sentado en un taburete: te caes y encima los demás se ríen.
Esa sensación, la de haber estado sentado en un taburete confiando en que era una silla, es la que tengo estos días pues pensaba que había un gobierno en quien apoyarme, que me respaldaría y que el primer partido de la oposición tenía sentido de Estado. Pues bien, no se rían de mí, me he caído al suelo: no había respaldo, era un simple taburete.
Al final, como siempre, si los catalanes no independentistas queremos seguir formando parte de España, de Europa (y del mundo democrático civilizado) tendremos que ganárnoslo nosotros mismos.
El ejemplo lo tenemos mirando al pasado cercano y ver que sucedió tras la muerte de Miguel Angel Blanco de cuyo asesinato a manos de ETA se han cumplido 20 años hace pocos días.
El principio del fin de ETA fue cuando ese asesinato levantó a la sociedad vasca (y española) de sus asientos y la mayoría silenciosa salió a la calle plantando cara a los separatistas, de pie frente a sus herricotabernas y sedes políticas y siguiéndoles por las calles del país vasco llamándoles por su nombre dejaron claro que ellos también eran vascos, que eran más y que también sabían salir a la calle a exigir sus derechos porque habían perdido el miedo.
Hoy los catalanes no independentistas estamos desamparados tanto por el gobierno central como por el autonómico, por eso la única solución que veo es la misma que se produjo hace 20 años en el País Vasco: que la sociedad civil salga a la calle pacíficamente para demostrar que la calle es de todos, que las leyes hay que respetarlas y que se debe gobernar para todos y no solo para una parte, por eso me alegro de la convocatoria de SCC para este domingo, porque no podemos esperar al 12-O para demostrar que la calle es de todos, que los no independentistas también somos catalanes y que a diferencia de otros pedimos respeto para todos y un gobierno para todos que trabaje para el progreso de la sociedad y no en el progreso de su partido o ideología.
Es hora de sentir el orgullo de ser personas con ideales y principios, de perder el miedo y decir con sencillez que no se está de acuerdo con el independentismo, que se opina diferente, porque los acontecimientos de estos últimos días han llenado el vaso de nuestra paciencia y han dejado meridianamente claro que eso de tener vergüenza por sentirse catalán y español se ha acabado y que estamos orgullosos de nuestra democracia, de nuestra Constitución y de nuestro Estatuto de Autonomía.
Miguel Ángel Ibáñez es Presidente del Grupo de Cs en la Diputación de Barcelona
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