
Ayer por la mañana, una modesta brigadilla motorizada de la Coordinadora de la Resistencia Cívica de Tarragona se desplazó a una de “les contrades de l’interior de Tarragona” para dignificar un falsario y soez mural separatista del que tuvo conocimiento. Dicho mural segregaba odio a España y nos quería hacer tragar con esa pancatalanista entelequia de los Países Catalanes.
Tenemos un amplio listado de la existencia de esteladas, pancartas y murales separatistas en nuestras comarcas; uno de ellos, muy similar al que hoy hemos “tuneado”, se encuentra en las proximidades del monasterio de Santes Creus, y hace un año ya nos ocupamos debidamente del mismo, pero, al parecer, los separatistas lo han vuelto a rehacer. Un día de estos habrá que volver por el lugar para dignificarlo.
Desgraciadamente, son muchos los nacionalistas que dejan que el odio gobierne su vida. Sin ir más lejos, hace dos días la nueva “diva” del separatismo, la líder de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, decía en redes sociales: “A mí, si me preguntan si odio a España, digo que sí, sin dudar”. Y, curiosamente, son muchos los que parecen ahora estar hechizados, incluso entre los no nacionalistas, por el relato de esta mujer, que en realidad no trae nada nuevo, sino el más rancio y racista nacionalismo de siempre.
El racismo y el odio a España han estado presentes en todos los grandes próceres del nacionalismo catalán desde sus orígenes. Prat de la Riba, gran ideólogo del nacionalismo, decía que era el odio y no el amor la base para ser un buen nacionalista catalán; en la “Nacionalitat catalana” escribirá: “Era menester acabar de una vez y para siempre con esta monstruosa bifurcación de nuestra alma (sentirse españoles y catalanes a la vez); habíamos de saber que éramos catalanes y sólo catalanes. Esta obra, esta segunda fase del proceso de nacionalización, no la hizo el amor, sino el odio”.
Y el poeta izquierdista catalán Joan Salvat-Papasseit, en 1924, escribirá: “Cal, doncs, propulsar l`odi contra Espanya o deixar d’existir”; poeta al que, cómo no, incluyen los planes de estudio de la Generalitat y un colegio en Barcelona lleva su nombre. Muchos han crecido en Cataluña y, por supuesto, en Vascongadas, incubando el odio a España, y tanto en la izquierda como en la derecha nacionalista, ser antiespañol y odiar a España parece gozar de un marchamo de progresismo.
En fin, aunque sea modestamente (por nuestros tan escasos medios), seguiremos siempre dispuestos a dar la batalla contra el régimen nacionalista catalán y para intentar desmontar su podrido relato tan cargado de odio.
Salvador Caamaño Morado (Presidente de la Coordinadora de la Resistencia Cívica)
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