La resistencia

Hay dos visiones sobre España; la jacobina y uniforme que proponía Ortega y Gasset con su “conllevancia” y que afirmaba que “había razones para ir sospechando que sólo cabezas castellanas tenían órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral”, discurso defendido numantinamente por los principales intelectuales castellanos y andaluces; y otra visión historicista y plural promovida por los historiadores de la periferia hispánica, que explica el concepto del pacto y construcción de una comunidad moderna basada en el trabajo y en la creación de riqueza, destacando la tarea de los catalanes del siglo XIX para hacer una España a imagen de Europa.

Sobre Cataluña también hay dos visiones bien diferenciadas, por un lado, la del discurso rancio, supremacista y separatista de Rovira i Virgili, hoy omnipresente en la política catalana, y por otra la visión hispanista de Vicens Vives, expulsada del relato histórico. Rovira, precursor del separatismo hoy mayoritario dentro del viejo nacionalismo, tenía una larga experiencia como autor de libros de historia concebidos como instrumentos de propaganda política, en los que hacía encajar los hechos pasados ​​con sus deseos políticos y lamentaba profundamente la participación los catalanes en las guerras de la Convención, de la Independencia o carlistas y, retroactivamente avergonzado, les acusaba de haber caído en un estado de degeneración nacional:

“¡Vergüenza, vergüenza! Los catalanes de finales del siglo XVIII habían olvidado la causa catalana “. Clamaba indignado Rovira.

Un hecho que ha marcado la historiografía catalana y el discurso políticamente correcto, fue la célebre polémica entre Rovira i Virgili y Vicens Vives al abrigo de un artículo que Rovira publicó en La Humanidad, el 7 de agosto de 1935, lamentando que habían “demasiados casos de insensibilidad nacional “entre unos jóvenes intelectuales que mostraban “prevención contra el punto de vista nacional en la historia” y que pensaban que, “para trabajar en la investigación y la crítica históricas, la llama del catalanismo es un estorbo”. Es decir, que escribían historia sin partir de premisas ideológicas previas. En concreto, Rovira alabó el trabajo de Manuel Cruells, militante de “Estat Català”, por su “afinadísima sensibilidad nacional” y deploró el de Vicens para osar dibujar a Fernando el Católico con unos colores no tan oscuros como los exigidos por la ortodoxia nacionalista, lo que evidenciaba su escasa “sensibilidad catalanesca”. La existencia de intelectuales como Vicens, no rendidos al nacionalismo, demostraba al dirigente separatista que era necesario “un gran esfuerzo para avanzar más deprisa”.

Vicens replicó con contundencia. Comenzó retrayendo a Rovira su obsesión con la “conciencia nacional, que veo que usted utiliza con una frecuencia que me hace sospechar que tiene usted la exclusiva y es el único con atribuciones para otorgarla”. Consideraba Vicens a los historiadores nacionalistas una reliquia de la manera romántica de hacer historia, obsesionados con interpretaciones anacrónicas y de espaldas a los documentos, y reprochaba que la síntesis histórica que elaboraron fuera en extremo simplista “todo lo bueno debido a los esfuerzos catalanes, todo lo malo debido a los malévolos manejos de los enemigos nacionales- y en su mayor parte falsa, muchas veces por olvido, descuido o falta de tiempo y muchas otras veces, y esto es lo más grave, por falsedad clara y manifiesta“. Contundente afirmación de Vicens, que suscribimos sin dudar.

Cuatro años antes, el 14 de noviembre de 1931, el diario “Nosaltres Sols!”, donde colaboraba Cruells, sostuvo que una de las causas del “aniquilamiento nacional” de los catalanes era su ignorancia, lo que facilitaba el crecimiento del sentimiento españolista, y ello debía ser combatido mediante el adoctrinamiento, especialmente de los niños:

“La única solución sería la de instruir, algo casi imposible si pasan de la treintena: árbol que creció torcido, difícilmente se endereza. Pero si de las generaciones de ahora no podemos esperar gran cosa, ¿se puede pensar lo mismo de las que llegan y las que vienen? Los niños y los jóvenes son dúctiles como la cera, y adoptan la forma que se les quiera dar “.

Para ello, “los padres enseñarán o harán enseñar Historia catalana a sus hijos, por maestros catalanes”, y debían adquirir “obras apropiadas y de autores dignos de crédito”. Encabezaba su lista Rovira i Virgili.

El hecho es que un sectario fanático como Rovira sea considerado hoy figura nacional y hasta tenga una universidad a su nombre explica muchas cosas de la Cataluña actual. Han pasado los años y el sueño de Cruells ha triunfado indiscutiblemente. Los niños son adoctrinados y la secesión de Cataluña gravita sobre el discurso y el relato de Rovira i Virgili. El 28 de octubre de 1990 “El Periódico de Catalunya” publicó un documento interno de CiU en la que se desarrollaba minuciosamente el programa de nacionalización impulsado por el Gobierno de Pujol para conseguir el control de las aulas y de los medios de comunicación. Entre muchas otras medidas dignas del más depurado de los Estados totalitarios, se encontraba la de “editar y utilizar libros de texto adecuados sobre la Historia, Geografía, etc., de Cataluña” y “establecer acuerdos con editoriales para su elaboración y difusión, con subvenciones si es necesario “. ‘Adecuados’ y ‘subvenciones’, palabras claves del proceso separatista.

Frente al discurso único y hegemónico del nacionalismo, pocas voces se han alzado hasta la fecha, pero las cosas van cambiando, sin prisas pero sin pausa, en el oasis putrefacto de Cataluña. Hoy surge elcatalan.es, y pronto nuevos proyectos verán la luz. La sociedad civil catalana pasa a la resistencia.


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