La 5ª República francesa nos ha dado una noticia poco comentada entre los ámbitos nacionalistas de nuestros lares. El Consejo Constitucional, el homónimo de nuestro Tribunal Constitucional ha dictaminado que la inmersión lingüística obligatoria solo puede ser en francés. A este lado de los Pirineos tenemos un Estado en forma de Monarquía parlamentaria con uno de los mayores, sino el que más, sistema político descentralizado del Mundo. El grado de autonomía, con grandes presupuestos y muchas competencias, no tiene parangón en nuestro entorno internacional. Las lenguas que se hablan en diferentes comunidades, además del español, están recogidas, protegidas, promocionadas y con rango de cooficialidad en esta España del régimen del 78. ¿Qué envidia no deben tener los ciudadanos franceses que viven en el sureste del país vecino y hablan también catalán?
En la España de hoy, en Cataluña, son los hispano-hablantes los que han de luchar por el respeto y el cumplimento de la normativa de enseñanza de nuestra idioma común, con los consabidos problemas que eso lleva en este asfixiante clima de tensión al que nos han abocado los gobiernos nacionalistas. Se acude a los tribunales para que el 25% de las clases, ¡un porcentaje impresionante!, se ofrezca en español. Las sentencias dan la razón a lo obvio y sensato en una democracia, pero en esta Cataluña de nacional-separatistas “oprimidos” no se cumplen. Aquellos que se consideran reprimidos por un centralista Estado impiden no ya la libre elección de lengua en la educación sino el cumplimiento de sentencias al respecto. Aquellos que braman por un “derecho a decidir”, que no existe, niegan uno de los más básicos derechos, recibir la enseñanza en la lengua materna oficial de España a muchos niños en la escuela pública y concertada.
Volvamos a los franceses. En 1991, el mencionado Consejo Constitucional dejó claro a los nacionalistas corsos que el conjunto de los ciudadanos franceses es el depositario de la soberanía nacional y que esa soberanía no podía ser fraccionada a voluntad de una o varias partes del todo. En una de las democracias más antiguas del Mundo, la igualdad, la libertad y la fraternidad, lemas de la Revolución Francesa, se aplican en su ordenamiento constitucional y efectivo. Los derechos son de los ciudadanos, no de los territorios, no de grupos privilegiados, esto pertenece a otros tiempos, feudales, no democráticos. Nuestro ordenamiento jurídico permite la formación de fuerzas políticas que quieren romper nuestro sistema constitucional, cosa que no ocurre en nuestra vecina República, pero también ofrece los caminos legales para ello, caminos difíciles, ningún Estado pone fácil su desmembramiento, pero posibles si se consiguen las mayorías marcadas por las leyes democráticas que rigen nuestra convivencia.
¿Cuál ha sido la actitud de los nacional-separatistas en Cataluña? Ante la falta de mayorías en 2017 dieron un golpe al entramado legislativo español y nos sumieron en una crisis de la que no hemos salido. Hicieron saltar por los aires el Estatuto y la Constitución española, y lo hicieron aquellos que habían jurado o prometido cumplir con esos preceptos y por los cuales detentaban un poder político. ¿Qué mensaje se estaba dando a la población? Un mensaje muy peligroso para la democracia. Aquel mensaje que preconiza no obedecer unas leyes que ellos consideren injustas, un mensaje propio de otras épocas muy difíciles para Europa y con graves consecuencias, propias de ideologías totalitarias.
Aquel año de 2017, y ante la debilidad de la respuesta del gobierno de Rajoy, el Rey nos dio un mensaje de esperanza y contundencia democrática la noches del 3 de Octubre. El 8 del mismo mes los constitucionalistas llenamos las calles de Barcelona por el respeto a nuestra democracia. Y lo volvimos a repetir el 29 del mismo mes. De forma pacífica y democrática hicimos frente al disparate, y tuvo sus efectos.
El 11º presidente del nuevo Gobierno catalán manifiesta que abogará por una Generalitat republicana. Miente, la Generalitat es autonómica o no es, pero no es republicana. Los condenados proclaman que lo volverán a hacer. Un huido en Waterloo, representante de la derecha más rancia, dirige las decisiones en un esperpéntico “Consell de la República”. Mientras, Cataluña se distancia de Madrid en su contribución al PIB español, las empresas se van, la tensión social y política provocada por estos agentes políticos alimenta el enfrentamiento entre los “buenos catalanes” ellos, y los demás y con el Estado.
Todo este sistema que sufrimos aquí no sería posible en nuestra vecina República francesa. ¿República?, es posible, es una opción para España, como lo es nuestra Monarquía, ejemplo de respeto al parlamentarismo, pero no la república bananera, insolidaria, antidemocrática que promueve el nacional-separatismo contra todo ordenamiento jurídico propio e internacional.
Volveremos a estar, pacíficamente, democráticamente, cuantas veces sean necesarias, que nadie lo dude, para defender nuestra democracia.
DANIEL RUBIO RUIZ, profesor de Historia Económica. UNED-Cervera
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