Después de la victoriosa campaña de Lucio Vero contra el Reino Parto que finalizó en el año 166, algunos legionarios volvieron infectados por una misteriosa enfermedad a la que se denominó Peste Antonina, porque en aquella época el Imperio Romano estaba regido por emperadores que pertenecían a la familia de los Antoninos. La enfermedad se propagó con rapidez por un Imperio que estaba interconectado por las vías romanas, y por un floreciente comercio marítimo, que se asemejaba en gran medida a lo que hoy conocemos como globalidad.
La peste que en realidad se trataba de lo que siglos más tarde se conoció como viruela, causó estragos entre la población. Se estima que mató a un tercio de los habitantes del Imperio Romano, que en aquel entonces y desde el reinado de los emperadores hispanos Trajano y Adriano, estaba en su máxima extensión poblacional y territorial. Según el historiador hispano del siglo V Paulo Osorio en la península ibérica hubo villas que quedaron desiertas porque murió toda la población.
La fase de máxima expansión de la pandemia, se desarrolló durante el pontificado del emperador Marco Aurelio, que compartía el título con su hermano adoptivo Lucio Vero, pero que ejerció en solitario a la muerte de éste por la enfermedad. Por miedo al contagio la gente se confinó en su casas, y se paralizó el comercio porque ni el público ni los vendedores acudieron a los mercados. También su suprimieron todas las ceremonias colectivas de culto religioso, y los espectáculos teatrales y circenses.
Como no existía remedio contra la enfermedad, se movilizó a los mejores médicos del imperio, muchos de ellos griegos, pero rápidamente aparecieron farsantes que proferían falsos auspicios, o vendían productos curativos que resultaban totalmente inocuos. Uno de ellos fue un tal Alejandro que se hizo rico vendiendo este tipo de elixires. Volviendo a nuestros días este caso también nos recuerda a las empresas chinas, que han vendido mascarillas inservibles al Ministerio de Sanidad Español, durante la pandemia del Covid 19.
El hecho de que a la muerte de Lucio Vero se uniese la de la esposa de Marco Aurelio, Faustina Menor, y la de ocho de sus trece hijos, alarmó notablemente a la población del imperio, porque se suponía que la familia imperial estaba preservada del contagio, por las extraordinarias medidas que se tomaban para su protección.
Esta sensación de invulnerabilidad la hemos sentido todos cuando hemos comprobado como el señor Fernando Simón, Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, que nos obsequiada con interminables lecciones televisivas, de como se podía evitar el contagio, resultó finalmente contagiado. Sobre estos expertos en una materia determinada, en cierta forma es como aquel libro de auto ayuda que se titula «Cómo hacerte millonario», cuyo autor vive en la más absoluta pobreza. Esta sensación de que todos podíamos llegar a ser contagiados, se ha acrecentado con la afección de una vicepresidenta del Gobierno y el presidente de la Generalitat entre otros.
Marco Aurelio, que al final también sucumbió ante la enfermedad, subastó una gran parte de sus bienes para compensar al erario estatal romano, que se había agotado con los gastos dedicados a combatir la peste. Por su parte, nuestro presidente del Gobierno el señor Pedro Sánchez, en una comparecencia en la Moncloa, a preguntas de un periodista que le ha dicho si estaría dispuesto temporalmente a rebajarse el sueldo de 84.845€ anuales, para favorecer a familias damnificadas por la crisis derivada de la Peste China, ha contestado que no piensa hacerlo.
Y aquí en Cataluña el Presidente de la Generalitat el señor Joaquim Torra, ha aprovechado esta crisis para subirse la pensión a 91.941€ anuales, que cobrará él y todos los expresidentes -incluido el «honorable» Pujol- el resto de su vida. Tampoco deja de ser curioso que cobren más los Presidentes de la Generalitat jubilados, que un presidente del Gobierno de España en activo.
El Evangelio de San Mateo -el más romanizado de los evangelistas- en su capítulo 7, versículo 16, dice «por sus sus frutos (obras) los conoceréis». Marco Aurelio pese al desastre que supuso la Peste Antonina, fortaleció Roma con importantes reformas sociales que buscaban el bienestar de la población, y respecto a su obra escrita, el «emperador filósofo» como era conocido, escribió sus «Meditaciones» que se considera una obra clave del estoicismo. Por su parte, Pedro Sánchez nos ha dejado una insulsa e intrascendente tesis doctoral plagada de plagios, y por lo que respecta a Joaquim Torra, su obra escrita se asemeja a los mejores tratados racistas del conde Josef Arthur Gobineau y de Alfred Rosemberg.
Decía Cicerón que quien desconoce la historia será toda su vida un niño, y este aforismo nos demuestra que nuestros gobernantes, precisamente por desconocer la historia, en muchas ocasiones se comportan como niños, que están más interesados en retener su juguete -su sueldo- que en ser generosos con los demás.
Cada uno es lo que es, y cada uno da lo que da, y por lo que respecta los que dan, a veces no dan más porque no dan más de sí.
Juan Carlos Segura Just
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