La inseguridad se ha convertido en un rasgo habitual del día a día en muchos municipios catalanes, consecuencia directa de años de relativización de la ley y debilitamiento de la autoridad bajo los gobiernos del PSC y del independentismo. El último episodio se ha producido en Montcada i Reixac, donde la Policía Local ha tenido que actuar frente a una oleada de robos en el interior de vehículos que evidencia la preocupante sensación de impunidad existente.
Durante la madrugada del pasado 25 de diciembre, noche de Navidad, los agentes identificaron a tres jóvenes sospechosos de haber destrozado las ventanillas de al menos 30 coches estacionados en distintos barrios del municipio para robar todo lo que encontraban a su alcance. Sin embargo, pese a las sospechas fundadas, los policías no pudieron detenerlos en ese momento: en un ejemplo más de las limitaciones operativas a las que se enfrentan las fuerzas de seguridad, no se hallaron en sus mochilas objetos que coincidieran con las denuncias presentadas hasta entonces por las víctimas.
Horas después, a medida que se acumulaban las denuncias y las pruebas, los agentes lograron vincular a los sospechosos con los robos. Se activó entonces un dispositivo de búsqueda que permitió localizarlos en Canet de Mar, su municipio de residencia. La noche del 25 al 26 de diciembre, los tres jóvenes, todos de 20 años, fueron finalmente detenidos como presuntos autores de los delitos.
El episodio, lejos de cerrarse ahí, refleja otro de los grandes problemas del actual modelo de seguridad en Cataluña: la escasa contundencia judicial. Tras ser trasladados a comisaría, el juez decretó su puesta en libertad, una decisión que refuerza la percepción de que delinquir sale barato y que la ley ha perdido su función disuasoria.
La consecuencia fue inmediata. Lejos de dar por concluida su actividad delictiva, los individuos volvieron a actuar, demostrando hasta qué punto el sistema ha fallado en proteger a los ciudadanos honrados frente a quienes reinciden sin temor a la autoridad. En la noche de Fin de Año dos de los tres detenidos volvieron a robar en vehículos, aunque solo pudieron hacerlo en dos de ellos antes de ser detenidos.
Este nuevo caso no es una excepción, sino el síntoma de un clima de inseguridad creciente alentado por años de discursos políticos que han erosionado el respeto a las normas, desacreditado a las fuerzas del orden y priorizado la propaganda ideológica sobre la seguridad ciudadana. Mientras el PSC y el independentismo siguen mirando hacia otro lado, los vecinos pagan el precio de un Estado de derecho cada vez más debilitado en Cataluña.
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