El apoyo de los obispos catalanes a los indultos estaba cantado, la Iglesia catalana desde hace décadas parece tener muy clara su política y esta consiste, entre otras cosas, en entregarse al nacionalismo para ser en la práctica un instrumento más al servicio de la llamada «construcció nacional». Así pues, ahora el arzobispo de Barcelona y cardenal Juan José Omella y el resto de obispos catalanes avalan los indultos, según dicen, por «misericordia y perdón».
Y lo que es peor, incluso la Conferencia Episcopal o al menos su secretario general y portavoz decía hace unos días que los obispos españoles están con sus homólogos catalanes, diciendo que «las actitudes inamovibles no ayudan a construir armónicamente la sociedad” y repitiendo los mismos mantras que viene repitiendo el Gobierno, dialogo, paz, concordia, fraternidad. Aunque, también es cierto que algunos obispos como el arzobispo de Oviedo o el de Toledo, se han desmarcado de esta línea.
Parece evidente que los indultos concedidos por el Gobierno de Sánchez, que más parecen una amnistía encubierta, han reducido considerablemente las consecuencias del Golpe de Estado llevado a cabo en Cataluña, y más que favorecer, la concordia, la convivencia, la fraternidad y el cumplimiento de la Ley, van a ser para los separatistas un incentivo más para reiterar sus conductas delictivas y desleales, para seguir con la arbitrariedad frente al imperio de la ley y alterando el funcionamiento normal de la democracia. Sólo hay que oír las declaraciones que hicieron Junqueras, Cuixart y los demás, nada más salir de prisión,
Volviendo a la Iglesia, en los últimos años hemos visto como buena parte de los obispos catalanes empezando por el obispo de Solsona, Xavier Novell i Gomà; el de Vich, Romà i Casanova; el de Gerona, Francesc Pardo i Artigas o el de Tarragona, Joan Planellas i Barnosells habían mostrado sin ambages una gran cercanía hacia los presos golpistas encarcelados. Incluso muchos de ellos los visitaron en la cárcel y habían hecho encendidos llamamiento a sus feligreses a realizar “ayunos” solidarios y a poner velas en apoyo de los presos separatistas.
No hacían esto en favor de los presos en general, ni de los más pobres en particular, no, lo hacían sólo en apoyo presos separatistas que ya de por sí eran tratados a cuerpo de rey, gozaban de todo tipo de privilegios y salían cada dos por tres a la calle. Todo esto por no hablar, de como han permitido que en los campanarios de muchas de las iglesias bajo su jurisdicción, colgaran todo tipo de símbolos separatistas (el actual arzobispo de Tarragona, siendo rector de varias pequeñas parroquias del Empordà, entre ellas la del pueblo de Jafre, tuvo un incidente, por este tema, con la familia de Boadella). En una actitud nada neutral y de total supeditación a las fuerzas políticas independentistas.

El tema viene de lejos, ya a finales de los 60 el Molt Honorable Jordi Pujol promovió la campaña “Volem bisbes catalans!”. No pedía obispos que destacasen por su sabiduría teológica, por su buen gobierno, por su piedad y cercanía a los más necesitados, no, pedían obispos que destacasen por su catalanidad o su proximidad al nacionalismo. Y en los últimos años, en una pequeña vuelta de tuerca lo que parecían pedir era: «Volem bisbes independentistes!».
Cataluña está hoy a la cola en vocaciones (sólo en el Seminario de Córdoba hay más vocaciones sacerdotales que en toda Cataluña) y en creyentes, el laicismo crece sin parar, se cree cada vez menos, entre otras razones, porque muchas personas han ido sustituyendo la fe en Dios por su fe en esa pseudo-religión que es el nacionalismo. Otros muchos se alejan de ella al constatar como han ido cerrando progresivamente espacios en español, todas las hojas parroquiales se editan en catalán y cada vez es más difícil escuchar misas en español (cuando la Iglesia en el mundo reza eminentemente en español) y al comprobar como de muchos campanarios cuelgan esteladas, pancartas, lazos amarillos y todo tipo de símbolos separatistas o al constatar como en muchas parroquias se escondieron urnas el 1-O, por no hablar de los manifiestos en favor del “procés” y de las homilías “trabucaires” de ciertos sacerdotes y obispos.
La Iglesia catalana, al igual que el Govern de la Generalitat, se pone sólo del lado de una parte de la ciudadanía, ignorando y despreciando a más de la mitad de los catalanes y no es precisamente del lado de los sectores más pobres y humildes de la sociedad catalana que son muy mayoritariamente contrarios al independentismo, se ponen del lado de los que viven mejor, de un restrictivo y aburguesado “un sol poble” al que elevan a los altares.
Hace ahora dos años Torra y el fugado Puigdemont, en una cuidada puesta en escena en sus habituales encuentros solían aparecer junto a la imagen de la Moreneta. El supremacista Torra, el de la vía eslovena y el de “Apreteu i feu bé d’apretar” a los CDRs, en una arenga independentista en el claustro del monasterio de Vallbona de les Monges era aplaudido a rabiar por su abadesa (Ana M.ª Camprubí, que ya había cedido el monasterio para votar el 1-O) y poco después el propio Torra en un retiro espiritual en Montserrat hacía un ayuno de 48 horas en solidaridad con los presos golpistas, como queriendo dejar claro por donde tenía continuidad el relato.
Oriol Junqueras, el de “Ho tornarem a fer”, decía que tenía dificultades para ir a misa en prisión. En definitiva, las iglesias de Cataluña se han ido vaciando a la misma velocidad que la ideología nacionalista entraba en ellas. De seguir así camina inexorablemente a su hundimiento total. Aunque tengo la impresión que a muchos de sus miembros llevados por su fanatismo esto les da igual. La Iglesia Católica es por definición universal y sin embargo, por su parte, la Conferencia Episcopal Española lleva años, como podemos ver, poniendo paños calientes, buscando equilibrios imposibles, pero permitiendo, a la postre, que todo eso suceda. Si la Iglesia católica española (que ya tiene bastantes problemas) se sigue tragando el nacionalismo catalán y vasco, como hasta ahora, acabará sufriendo las consecuencias. Hoy son los propios obispos los que parecen trabajar por exterminio de la Iglesia. No estaría mal, por tanto, que se definan de una vez con claridad y nos digan si tiene o no un compromiso con España y su futuro.
Me gustaría recordar por último, lo que algunos parecen haber olvidado, que entre 1936 y 1939 en la Cataluña presidida por Lluís Companys, la Iglesia en Cataluña fue literalmente masacrada (4 obispos y 2437 religiosos asesinados y más de cinco mil templos devastados, en está cruel persecución hubo muchos mártires y muy pocas excepciones entre estas, la del tan mitificado y homenajeado por el nacionalismo, el cardenal Vidal i Barraquer al que Companys ordenó expresamente liberar, facilitando posteriormente su marcha a Roma.
Mi suegra que acaba de cumplir 90 años, pero tiene una gran lucidez, viendo lo que está pasando, me decía: “Mi fe es un don que Dios me ha dado y afortunadamente no me la marcan ni los obispos ni ciertos curas catalanes pues, si así fuera ya hace mucho que hubiera abandonado la Iglesia”.
Salvador Caamaño Morado. Presidente Provincial de SCC en Tarragona. Exdirigente local del PSUC, PCC y CC.OO. en Tarragona. Miembro fundador de Foro Babel en Tarragona.
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