Estamos asistiendo en estos días a diferentes formas de manifestar el concepto de idea fija que determinadas personas tienen ante las crisis. La más evidente, y casi escandalosa, es aquella que manifiesta que lo que nos pasa es culpa del sistema capitalista. Otra idea que se está instalando esa que sostiene que todos los países han actuado igual o peor que España, por lo que el «miedo» a determinadas políticas es absurdo.
Lo cierto es que, en el primer caso, mucho se ha dicho y más que se dirá sobre la crisis sistémica que lleva en su naturaleza y sobre su «próxima» desaparición el capitalismo. Pero en el segundo de los casos hay algo que es más perentorio indicar. En tiempos no tan remotos, uno de los partidos que conforman la coalición de gobierno expresaba sus deseos y programa político en toda suerte de tertulias, programas propios y una amplísima producción bibliográfica que se puede leer y seguir.
Ahora en el gobierno, ¿por qué no intentar llevar a efecto algunas de esas ideas? Algunos niegan este hecho y expresan su desconfianza en un partido que empezó como movimiento ciudadano y que eran frases gruesas en tiempos de crisis y que la Real Politik y el pragmatismo político de estar en el poder, les hará cambiar de opinión. Pero no, quizá no sea de este modo. Nunca es de este modo. De hecho, la realidad histórica de pretéritos escenarios semejantes, indica que una vez en el poder, liberticidas de toda índole, superan en mucho sus escritos de «juventud» para adentrarse en la deriva autoritaria que desde el BOE se puede llevar a cabo. Nacionalistas, comunistas y toda suerte de enemigos de la libertad y del mantenimiento de los valores, ven una «ventana de oportunidad» en cualquier crisis.
La lógica de salvar vidas, de superar la epidemia, es menos importante que la ventana de posibilidad que algunos ven. Se dan las condiciones objetivas para que ocurra. Hay consenso en aceptar que debemos recogernos; hay consenso en obedecer al gobierno y a la llamada al silencio. Pero ¿y mañana? La ineptocracia nos invadirá a modo de ruptura de la norma la vida política de los españoles.
En esas reuniones de los presidentes de las comunidades autónomas, hemos visto, la “euforia” lectora de Torra. Esa que nos permite aceptar que, en nuestro encerramiento, ESTAMOS BIEN porque otros interpretan nuestras necesidades, sean éstas las de la “patria-república catalana” o sea la de la “gente”. Pero la gente se está tragando, con el encerramiento, que la economía caerá y que quizá, deba ser intervenida.
Esta indescriptible reacción y las innumerables secciones de opinión que la pretenden justificar, olvidan que el socialismo y las políticas socialistas no son efectivas, como ya demostró Ludwig von Mises en los años 20 del siglo pasado. Detener la economía supone un riesgo no solo para la vida de las personas sino para la libertad. El paraíso no vendrá después de la crisis, nunca llega; puesto que los que prometen su existencia y la abundancia que en él existirá, desconocen que los recursos son finitos, limitados. Hay por lo tanto una idea fija entre los separatistas y los socios del gobierno: cuando las condiciones son óptimas, qué tal si rompemos el consenso social. Da igual que la promesa sea una república bicolor con estrella o un sistema económico más “justo”, es lo mismo; la promesa de un paraíso olvida, muchas veces, el infierno que supone el recorrido sinuoso e intervenido para alcanzarlo. Se montará una burocracia inmensa en ambos casos para justificar el intervencionismo y la libertad perdida.
No olvidemos tampoco en este momento, que la verdad, en sí misma, no es necesaria sino debe ser creada. Da igual que sea “España nos roba” o nos “contagia” que “el rico es malo”. El significante está creado. El velo de la ignorancia que elimina la empatía espontánea por otra fingida y amplificada, crea una koiné sin disenso posible. O eres separatista o no eres catalán o silencias la mala gestión de la crisis, o eres facha.
Heraldo Baldi
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