La violencia larvada que se está generando en los últimos años en Cataluña por parte de radicales en las cúpulas de los partidos separatistas, que apoyan o justifican las algaradas callejeras de los autodenominados CDRs y de otros colectivos independentistas, puede acabar cristalizando, si no se toman las medidas oportunas y el secesionismo abandona la senda de la violencia, en una banda terrorista al estilo de Terra Lliure. O incluso una ETA del separatismo catalán.
En Cataluña se está banalizando la violencia, y esto que es muy peligroso. Ya no es solo el pasear a Arnaldo Otegi por todos los rincones de esta comunidad autónoma como si fuera un hombre de paz, y que tanto Carles Puigdemont como Esquerra Republicana compitan en ver quién es más amiguito del dirigente de Bildu. Es que en Cataluña comienza a ser un mérito el haber pertenecido o colaborado con una banda armada.
Ya no se trata solo de casos como el de Gonzalo Boye, abogado de Carles Puigdemont y que fue condenado a catorce años de prisión por colaborar con ETA en el secuestro del empresario Emiliano Revilla. Es que Carles Sastre, uno de los asesinos del empresario José María Bultó como miembro del Exèrcit Popular Català, es un sindicalista reivindicado por el secesionismo y fue definido como “un gran reserva del independentismo” en la televisión de la Generalitat.
El gran problema es la violencia desatada en lo que el independentismo llamó «la batalla de Urquinaona», tras la sentencia del Supremo sobre el ‘procés’, que fue una salvaje muestra de terrorismo urbano que tuvo su segunda entrega tras la entrada en prisión de Pablo Hasél. Centenares de jóvenes separatistas se están formando, y han hecho las «prácticas» en terrorismo urbano. De ahí a coger el rifle y los explosivos solo hay un paso.
Mientras los partidos separatistas justifiquen y amparen la violencia con la excusa de los «presos políticos» y mintiendo al negar que España sea un país democrático y un Estado de derecho, más cerca estaremos de la creación de una banda armada secesionista y más cerca de la confrontación civil. Que la segunda autoridad de Cataluña, la presidenta del Parlament, sea una radical como Laura Borràs no invita al optimismo.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí)
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.

















