Gracias a mi querido amigo Luis Torras estoy leyendo a Orwell. En su artículo del año 44 titulado “Delante de las narices” este autor describe lo que considera debe ser un tipo de “esquizofrenia”. Se trata de “el poder de albergar simultáneamente dos creencias que se anulan la una a la otra” e “ignorar hechos que son obvios e inalterables, y a los que habrá que hacer frente antes o después (…) las persona obvian hechos evidentes e inequívocos de los que sí son conscientes en otra parcela mental”.
Aunque nadie está libre de caer en lo que Orwell cree, “una forma de pensar muy extendida y que quizá siempre lo haya estado”, resulta evidente que entre el movimiento ‘indepe’ esta dolencia está muy extendida. Nos causa a muchos una gran perplejidad ver cómo afecta a tantos, especialmente a algunos que consideramos inteligentes y preparados.
A continuación daré solamente algunos ejemplos:
Los ‘indepes’ no tienen rubor en asumir que “el pueblo catalán clama por la independencia” asumiendo una total unanimidad sobre el asunto. La realidad es que en todas las elecciones o incluso sondeos es muy evidente la diversidad de opiniones de la sociedad catalana. En el propio CEO de la Generalitat se alcanzó un máximo de un 48% de los encuestados que querían una Cataluña independiente a finales del 2013. Hoy lo sitúan en un 40%.
Un lema que han hecho suyo es el de “Volem votar”. Lo usan como si en Cataluña sufriéramos una dictadura que jamás hubiera permitido elecciones. Pues bien la sociedad catalana ha participado en democracia de 10 elecciones al Parlament de Catalunya (4 desde 2010) y 12 elecciones generales además de otras tantas municipales.
El exPresident volvió a lamentar el pasado 10 de octubre que cada año Cataluña envía 16.000€ millones a España. Todos sabemos que esa cifra no solamente no corresponde en absoluto. El propio consejero Mas Colell ya advirtió en su día que la cantidad razonable era una fracción de esa ya famosa cifra.
También reclaman que los exconsellers encarcelados lo han sido por su ideología y que por tanto son presos políticos. Ellos mismos lo denuncian así a pesar de haber liderado personalmente actos entre los que se cuenta intentar derogar el Estatut y la Constitución, organizar un referéndum ilegal o declarar la independencia de Catalunya.
Lamentablemente podríamos ampliar esta lista con muchos más ejemplos. Pero llegados hasta aquí uno se queda con una duda, a la que Orwell no responde; si esta “esquizofrenia” que sufren tantos de nuestros conciudadanos tiene algún tipo de remedio o si estamos, los demás, condenados a tener que soportar esta carga para siempre.
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