Anna Grau, periodista y autora del libro ‘En la boca del dragón‘, relató hace unos meses en el libro ‘Flipando con el procés’ una anécdota personal relacionada con la diferencia de trato entre la administración autonómica madrileña y la catalana a la hora de atender a un ciudadano de otra comunidad autónoma.
“Viví mucho tiempo en Madrid con la tarjeta sanitaria catalana. Estuve un tiempo sin arreglar los papeles, y nunca tuve ningún problema cuando iba al centro de salud e incluso una vez que fui a Urgencias. Y así han de ser las cosas, porque la atención sanitaria es única en toda España y, en teoría, no se discute”.
“Y digo ‘en teoría’, porque viví algo que refleja cierta visión estrecha de algunos catalanes. Cuando por fin me saqué la tarjeta sanitaria madrileña se me ocurrió ir a Barcelona a pasar unos días. Fui con mi hija pequeña, que entonces era un bebé. Se me puso mala, la llevé al ambulatorio y en el momento que saqué la tarjeta sanitaria y vieron que era de Madrid una funcionaria se empezó a quejar y a protestar en plan ‘ya está bien que vengan los de fuera a hacernos gasto en la Sanidad, que así no hay manera’. Me enfadé y me puse a replicar enérgicamente en catalán con acento de Girona y entonces la funcionaria se quedó blanca y paró de protestar”.
Grau nos ha relatado un claro caso de que ni “España nos roba”, ni “Madrid nos roba”, simplemente hay administraciones que tratan a todos los españoles por igual – Madrid – y otras que ven al resto de españoles como “invasores”. Es solo una anécdota, pero significativa de cómo funciona buena parte de la Generalitat.
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