El Parlament de Cataluña ha vuelto a situar a la consellera de Territori, Sílvia Paneque, en el centro de la diana política. Diez meses después de su primer correctivo en la Cámara, la gestión del Govern de Salvador Illa sufre un nuevo revés parlamentario. La crisis permanente que vive el servicio de Rodalies ha agotado la paciencia de una mayoría plural que exige responsabilidades inmediatas.
La votación de ayer no deja lugar a dudas sobre el aislamiento del PSC en esta materia. Las mociones presentadas por Junts y la CUP han logrado aglutinar apoyos tan dispares como los del PP, Vox y Esquerra Republicana. Esta pinza parlamentaria señala directamente a la incapacidad del Ejecutivo autonómico para gestionar las incidencias que castigan a miles de usuarios diariamente.
El texto aprobado es inusualmente duro y solicita formalmente al president Illa el cese de su consellera. Se le achaca una preocupante falta de previsión y una gestión comunicativa deficiente que deja a los ciudadanos desamparados en los andenes. La ausencia de planes alternativos de transporte eficientes ha sido el detonante para esta nueva desautorización política.
La ofensiva no se detiene en las fronteras catalanas y apunta directamente a Madrid. El Parlament también ha reclamado la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, vinculando el desastre de Rodalies a la dejadez del Gobierno central. Esta doble reprobación evidencia que la sintonía entre el Palau de la Generalitat y la Moncloa no se traduce en mejoras para el servicio ferroviario.
La figura de Sílvia Paneque queda seriamente tocada tras este segundo golpe parlamentario en menos de un año. Mantenerla en el cargo tras dos reprobaciones supone para Salvador Illa un coste político que podría erosionar la estabilidad de su legislatura. La gestión de infraestructuras críticas no admite más demoras ni excusas basadas en la herencia recibida o en la falta de inversión estatal.
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