Que nuestro estadio sea una de las sedes del Mundial 2030 contribuye a aumentar el prestigio internacional del RCD Espanyol, permitiendo que el coliseo perico acoja a las mejores selecciones del planeta. Tras el éxito de citas previas como el España-Albania de hace unos años o los duelos internacionales de selecciones como Perú o Marruecos, el RCDE Stadium se consolida como un referente para la alta competición.
Aunque el listón histórico de Sarriá en el Mundial 82 —con aquel mítico triangular entre Brasil, Argentina e Italia— es difícil de igualar, la relevancia de ser sede mundialista es indiscutible. En un contexto donde el Espanyol lucha por recuperar su sitio, abrir las puertas a encuentros internacionales es la vía más rápida para ganar visibilidad mientras se trabaja en el regreso a las competiciones europeas.
La apuesta por la internacionalización debe ser el paso previo a una ambición deportiva real. El club, situado en una de las ciudades más potentes del sur de Europa, no puede renunciar a pasear sus colores por el continente. Si bien el objetivo inmediato es la estabilidad tras los dos descensos que hemos sufrido en pocos años, la meta natural de una entidad histórica como el Espanyol debe ser la clasificación regular para torneos como la Europa League o la Conference League. Soñar con Europa es el primer paso para volver a jugar en Europa.
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