A Ángeles Ribes la conozco desde hace casi una década, siempre plantando cara al separatismo en la Cataluña interior, en su caso en la ciudad de Lérida. Fue concejala de Ciudadanos entre 2015 y 2021 y, tras un contencioso con la dirección, acabó expulsada del partido y recaló como regidora no adscrita hasta las municipales de 2023. Ese año fue la candidata del partido Valents a la alcaldía, y no consiguió acta. Durante el mandato 2015-19 consiguió que, a cambio de su apoyo al alcalde – socialista –, el consistorio adoptara una política de apoyo al bilingüismo en su relación con los vecinos.
Y no solo eso, consiguió que el gobierno municipal se tomara en serio lo de evitar que las calles se llenaran de lazos amarillos y esteladas. Recordemos que esos cuatro años coincidieron con el momento más álgido del ‘procés’ y las protestas posteriores tras la detención de los líderes separatistas. Como consecuencia, Ribes era ‘la bicha’ para los independentistas ilerdenses.
El separatismo tiende a culpar de cualquier cosa a quién se oponga a sus intereses. Y para los secesionistas de Lérida Ángeles Ribes era la candidata perfecta para ser tachada de cualquier cosa. De hecho, guardaba en su despacho del ayuntamiento una colección de piedras, algunas de gran tamaño, que habían sido lanzadas a lo largo de su mandato por radicales ‘anónimos’ contra la sede de Ciudadanos en esta ciudad. Ribes pintó en cada una la fecha de la agresión, para que quedara testimonio.
En este contexto se entiende mejor la anécdota que Ribes nos relata: “En diciembre de 2017 la Guardia Civil fue enviada a cumplir una orden judicial que instaba a que las obras del Monasterio de Sijena que estaban en poder del Museo de Lleida fueran devueltas al obispado de Barbastro-Monzón. Esto sucedió de madrugada, al día siguiente fui al despacho de mi grupo municipal a primera hora, como siempre, y ya se habían producido disturbios a la puerta del museo, y yo no lo sabía. En una plaza cercana al ayuntamiento fui abordada por dos ancianos iracundos que me acusaron a gritos de que se les había “robado el arte” por “mi culpa”. Cuando intenté explicarles que había sido por una decisión judicial me espetaron que “has sido tú, con tu 155”. Echaron la culpa a una triste concejala de un ayuntamiento. Cosas que pasan en la Cataluña procesista”.
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