
En el metro de Barcelona se puede ver en algunas estaciones un curioso cartel de la compañía aérea Vueling en el que promociona sus viajes a Bruselas con un gran corazón de color amarillo y en el que este color es el protagonista.
Tal vez sea una casualidad y no tenga nada que ver con el amor que por dicho color ha desarrollado el huésped más famoso de la capital belga, Carles Puigdemont, que lo usa como color fetiche para pedir la libertad de lo que los secesionistas llaman «políticos presos».
Si realmente es una casualidad, los responsables de marketing de esta compañía que opera en toda España han demostrado muy poca vista, por mucho que el amarillo sea el color corporativo de esta compañía aérea.
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