️ Ja no li serveix embolicar-se amb la bandera Palestina i ara ho fa amb la del canvi horari, i així no parla del que realment fa perdre el son a moltes persones.
❌Menys canvi d’horari i més hora del canvi
Portaveu @miriamnoguerasM a Pedro Sánchez pic.twitter.com/hcG3ObJDxs
— Junts per Catalunya Congrés i Senat (@JuntsxCatMadrid) October 22, 2025
Pedro Sánchez afronta uno de los momentos más delicados de la legislatura. El apoyo de Junts, esencial para la estabilidad del Gobierno, comienza a resquebrajarse. La formación liderada por Carles Puigdemont ha endurecido su discurso en las últimas semanas, y su portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, dejó claro este miércoles que la paciencia con el Ejecutivo socialista se agota. Su frase, tan directa como simbólica —“tal vez haya que hablar menos del cambio de horario y más de la hora del cambio”—, fue interpretada como una advertencia al presidente del Gobierno.
Nogueras no solo reprochó a Sánchez la gestión política, sino también el uso del dinero público en campañas de propaganda institucional y en iniciativas como la flotilla humanitaria de Gaza, que Junts considera más un gesto de imagen que una acción eficaz. Su intervención destiló el hartazgo que empieza a aflorar entre las bases del separatismo conservador, que ve cómo su alianza con el PSOE está generando un desgaste electoral creciente.
El principal problema para Sánchez es que la pérdida de confianza de Junts no es solo parlamentaria, sino también política y territorial. En el seno del partido catalán crece la sensación de que su apoyo a un Gobierno “de España” y “de izquierdas” está alejando a sus votantes tradicionales, muchos de ellos conservadores y poco proclives a sostener a un Ejecutivo socialista.
Ese descontento tiene consecuencias tangibles. Cada vez más votantes de Junts están dando el salto a Aliança Catalana, el partido de Silvia Orriols, que capitaliza el malestar con un discurso soberanista sin concesiones a Madrid y con la política inmigratoria del Gobierno de Sánchez, al que Junts está sosteniendo. La formación emergente ha logrado canalizar el desencanto de un electorado que se siente traicionado por la política pactista de Puigdemont y sus aliados en el Congreso.
En municipios como Figueres, Cabrera de Mar o Sant Cugat del Vallès, los alcaldes de Junts han levantado la voz. Temen una debacle en las elecciones municipales de 2027 si el partido mantiene su vínculo con el PSOE. “O rompemos ahora o desaparecemos después”, advierten en privado algunos dirigentes locales, conscientes de que el independentismo más duro les está robando terreno.
El cálculo político es complejo para Junts, pero también peligroso para Pedro Sánchez. La aritmética parlamentaria que le permitió sacar adelante sus presupuestos y sostener su mayoría se basa en apoyos frágiles, casi coyunturales. Si Junts decide romper definitivamente, perdería la mayoría absoluta que le sustenta.
Sánchez intenta proyectar una imagen de serenidad y control, pero las señales son inequívocas: el desgaste con sus socios es real. La tensión con Junts se suma al malestar en otras formaciones aliadas, que perciben al Ejecutivo más pendiente de la comunicación y la propaganda que de los compromisos concretos. La estrategia de resistir parece llegar a su límite.
Desde Waterloo, Puigdemont observa el panorama con pragmatismo calculado. Sabe que romper con el PSOE le permitiría recuperar protagonismo en el espacio independentista y frenar la sangría de votos hacia Orriols. A la vez, es consciente de que sin influencia en Madrid su papel político se diluiría. Pero el equilibrio se está rompiendo, y el coste electoral empieza a ser insostenible.
Mientras tanto, Pedro Sánchez confía en su habitual capacidad para sortear las crisis, apelando al diálogo y al relato del “gobierno progresista que avanza”. Sin embargo, cada vez son más los que consideran que su discurso suena vacío frente a una realidad que se le escapa de las manos. La política de gestos ya no basta cuando los socios comienzan a abandonar el barco.
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