El universo neoconvergente busca en su pasado las respuestas que el presente no le otorga. La JNC ha organizado un acto de alto voltaje simbólico para reivindicar la figura del defraudador fiscal Jordi Pujol. A sus 96 años, el expresidente sigue siendo el faro espiritual de un espacio político fragmentado que intenta reagruparse ante la amenaza electoral de Silvia Orriols, lideresa de Aliança Catalana.
El homenaje se ha estructurado como una auténtica catarsis de reconciliación interna. Alrededor de 400 personas se dieron cita para escuchar unas palabras que el veterano político no pudo pronunciar por sí mismo. Su discurso escrito alertó contra el peligro de una sociedad civil desmovilizada y apática. La misiva insistió en la necesidad de recuperar la confianza colectiva para evitar el estancamiento de la comunidad autónoma.
La cúpula de Junts ha acudido en masa a esta cita con la nostalgia institucional. Entre los asistentes destacaba la presencia de Josep Rull, actual presidente del Parlament, y de Jordi Turull, secretario general de la formación. Los herederos de las siglas convergentes buscan una legitimidad histórica que los nuevos liderazgos no han logrado consolidar. La fotografía del evento refleja la urgencia por aglutinar a las distintas familias del espectro nacionalista.
Los organizadores no han dudado en calificar la jornada como un acto de estricta justicia política. El secretario general de la JNC, Aleix Agustí, defendió con vehemencia la obra de gobierno de las décadas pasadas. El objetivo principal de la convocatoria era contrarrestar los años de descrédito que han pesado sobre el pujolismo.
El discurso de Pujol evocó deliberadamente los años de la Transición y la reconstrucción autonómica. Sus palabras dibujaron la estampa de una generación que asumió el reto de levantar el territorio tras la dictadura. Este marco histórico se utiliza ahora para señalar la supuesta decadencia que sufre la gestión pública actual. El centro-derecha catalán añora la centralidad de una época donde las mayorías parlamentarias dependían de su criterio.
La cita de las juventudes nacionalistas confirma que la sombra de Jordi Pujol sigue siendo alargada. Su legado es el único nexo de unión capaz de sentar en la misma mesa a las distintas corrientes del partido. El tiempo dirá si la apelación a la nostalgia es suficiente para competir con la izquierda y a Aliança Catalana o si solo es el epílogo de una época que no volverá.
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