Oriol Junqueras volverá a cruzar las puertas de la Moncloa este jueves 8 de enero. El líder de Esquerra acude a la cita con una agenda clara: forzar a Pedro Sánchez a cumplir sus promesas en materia económica. El separatismo catalán sabe que el Gobierno central es débil y pretende aprovechar esa fragilidad para obtener privilegios financieros históricos.
Para el presidente de ERC, la reforma del sistema de financiación es una urgencia que no puede esperar más. Junqueras no oculta su desconfianza hacia el PSOE, partido al que acusa de haber mantenido un modelo caducado durante años por falta de voluntad política. Según su relato, cualquier avance actual no es mérito de la gestión socialista, sino fruto de la presión constante de su formación.
El optimismo del líder republicano se basa en la necesidad de supervivencia de Sánchez en el poder. Junqueras ha afirmado en una entrevista en ‘El Periódico’ que «un buen acuerdo es posible» simplemente porque ERC ha «batallado» hasta arrancar concesiones que hace meses parecían imposibles. Esta semana será decisiva para concretar unas cifras que prometen generar un intenso debate sobre la igualdad entre españoles.
La hoja de ruta de los independentistas va mucho más allá de una simple actualización de fondos. El objetivo real es el control absoluto del IRPF en Cataluña, un paso de gigante hacia la soberanía fiscal que tanto ansían. Junqueras busca romper el modelo de solidaridad interterritorial exigiendo que se respete una ordinalidad que beneficie exclusivamente a sus intereses.
El dirigente catalán ha dejado claro que la negociación tiene un carácter global y asfixiante. No se trata solo de dinero, sino de la condonación de la deuda del FLA y de inversiones estratégicas en infraestructuras. El mensaje para la Moncloa es nítido: si no hay cesiones en el modelo de financiación, no habrá estabilidad parlamentaria.
Junqueras utiliza a la sociedad catalana como escudo para justificar sus prisas, aunque reconoce que su partido podría esperar. Esta estrategia busca presionar a un Ejecutivo que necesita aprobar los Presupuestos Generales del Estado a toda costa. Sin las cuentas públicas, la legislatura de Sánchez quedaría herida de muerte, y ERC lo sabe perfectamente.
La comparación con los regímenes forales de otras comunidades vuelve a estar sobre la mesa de negociación. Junqueras se pregunta por qué Cataluña no puede recaudar impuestos de la misma forma que otros territorios con privilegios históricos. Es una reclamación que desafía la lógica del Estado común y que el PSOE parece dispuesto a estudiar para mantenerse en el sillón.
Además de la financiación, el control de los trenes y la gestión aeroportuaria forman parte del paquete de exigencias. ERC quiere el traspaso integral de competencias que hasta ahora eran exclusivas del Estado central. Esta fragmentación de la gestión pública es el peaje que el sanchismo paga habitualmente para estirar una legislatura cada vez más dependiente del separatismo.
El encuentro del jueves será un termómetro de hasta dónde está dispuesto a ceder el Gobierno de España. El consorcio de inversiones es otra de las piezas clave para garantizar que el dinero público fluya hacia Cataluña sin los controles habituales. Junqueras acude a Madrid con la seguridad de quien se sabe poseedor de los votos necesarios para decidir el futuro del país.
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