Sucedió en el Parlamento de Cataluña la legislatura pasada y a fe de que no tenía información privilegiada sobre el destino carcelario de Oriol Junqueras aunque se lo ganó a pulso. En mi intervención desde la tribuna apelé a la prudencia de quien se ha erigido en descendiente de Sócrates o Séneca, nada más y nada menos. Pero no me hizo caso y ahora debe pagar las consecuencias de sus actos.
Es verdad que con mayor entereza que la de su socio Carles Puigdemont, el más insigne representante de la cobardía independentista, en su retiro dorado de Waterloo. A Junqueras le aconsejé preocuparse de los catalanes y no de los separatistas insolidarios y fanatizados pero cayó en saco roto.
Ahora, en Madrid y ante el Tribunal Supremo deberá defenderse de una acusación sólida de rebelión que tiene difícil defensa pero toda la defensa que le brinda la democracia española, más respetuosa con él que la que mostró con todos los catalanes que denunciamos su obsesión y adulteración de las reglas democráticas en el Parlamento de Cataluña.
De nada sirve su grandilocuencia ni su rancio populismo alineado con Salvini y compañía. De poco sirve su impostada inmolación como presunto demócrata. Si lo fuera de verdad no habría mercadeado con la paz y la convivencia entre catalanes en ese funesto 27 de octubre de 2017 declarando la República catalana, y a los que ha conducido al enfrentamiento.
No le deseo mal alguno porque no hay rencor sino afán de justicia para quien sólo o en compañía de otros ha sumido a Cataluña en el deterioro de su paz social, un camino que ya se siguió en Vascongadas y que causó profundo dolor y sufrimiento.
Emprendieron un camino sin retorno violentando nuestra democracia y rendir cuentas ante los Tribunales de Justicia es la única manera de reconstruir la vigencia del Estado de Derecho que quisieron derrocar el 1 de Octubre con un golpe al Estado. Que tengan la mejor defensa en un juicio con todas las garantías. El Tribunal Supremo velará por ello.
[libro]
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.



















