Oriol Junqueras ha vuelto a sacar el manual del victimismo para presionar a un Gobierno que sobrevive en tiempo de descuento. Durante el 95º aniversario de su formación, el líder secesionista recordó los episodios de prisión para advertir que «ninguna presión de Madrid» logrará doblegar sus exigencias actuales. La hoja de ruta es clara: el control absoluto de la recaudación del IRPF en Cataluña, un privilegio que el PSOE parece dispuesto a negociar para seguir en la Moncloa.
El dirigente separatista no ocultó que su ambición pasa por gestionar todos los recursos económicos, desde los presupuestos hasta el último euro de los impuestos. Bajo el mantra de que este modelo es ‘pel bé de tothom’ —para el bien de todos—, ERC intenta disfrazar de gestión social lo que no es más que un nuevo paso hacia la desconexión fiscal. La retórica del partido busca legitimar un sistema de financiación singular que rompe la solidaridad entre españoles. Junqueras lanzó un dardo directo a los agentes sociales y económicos, preguntándose por qué deberían dejar sola a su formación en esta batalla. Es el lenguaje de quien se siente fuerte ante un Gobierno central hipotecado por sus socios de investidura.
En el mismo acto, celebrado en Barcelona, se escucharon proclamas que sitúan la ambición política por encima de la estabilidad institucional. Elisenda Alamany, secretaria general de la formación, calificó la situación actual como un «expolio fiscal», utilizando la terminología clásica del separatismo más radical. Para Alamany, la única alternativa al conformismo es rebelarse contra un Estado que, según su visión, frena el progreso de los catalanes.
Los republicanos ya tienen la vista puesta en las elecciones municipales de 2027, con el objetivo de teñir de amarillo todo el territorio. No ocultan que su meta es ganar en cada rincón de Cataluña, consolidando un poder territorial que les permita desafiar de nuevo al Estado. La maquinaria electoral se ha puesto en marcha utilizando la historia del partido como un arma arrojadiza contra la democracia española.
Durante la celebración, se proyectaron vídeos que ensalzaban hitos del secesionismo, incluyendo el referéndum ilegal del 1 de octubre. Esta reivindicación de la desobediencia civil demuestra que ERC no ha abandonado la vía de la ruptura, sino que simplemente ha cambiado de táctica. La complacencia del PSOE ante este relato histórico sesgado es una muestra más de su deriva política.
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