La estrategia de polarización diseñada en Ferraz empieza a mostrar grietas preocupantes para los intereses de Pedro Sánchez. Durante meses, el socialismo ha intentado erigir un ‘muro’ propagandístico frente a cualquier propuesta que sugiriera una preferencia por los ciudadanos autóctonos en el acceso a servicios públicos. Sin embargo, la realidad social en España camina hoy por un sendero muy distinto al que marcan los asesores de la Moncloa.
Los datos recientes que indica el sondeo que Hamalgama ha elaborado para el digital Vozpópuli son demoledores y reflejan un cambio de tendencia que el Gobierno no esperaba. Más de la mitad de los españoles, concretamente un 53,2%, ve con buenos ojos aplicar medidas de «prioridad nacional» – en las que Vox fue pionera – en diversos ámbitos. Este concepto, que el PSOE ha tratado de vincular exclusivamente a la extrema derecha, ha saltado el cordón sanitario para instalarse en el sentido común de una mayoría ciudadana.
Lo más alarmante para el equipo estratégico del presidente es la brecha abierta en sus propias filas. Casi un 32% de quienes votaron al PSOE en las últimas elecciones se muestra a favor de estas políticas. Este porcentaje evidencia que el discurso oficial del partido ha perdido conexión con la sensibilidad de una parte significativa de su base electoral más tradicional y moderada.
El intento de utilizar a Vox como el «hombre del saco» para aglutinar el voto progresista parece haber tocado techo. El votante socialista ya no responde de manera automática al miedo cuando se debaten cuestiones como la inmigración o las ayudas sociales. Existe un sector crítico dentro de la izquierda que reclama realismo frente a la retórica puramente ideológica de sus dirigentes actuales.
En las filas del Partido Popular, el respaldo a esta prioridad nacional es masivo, alcanzando a tres de cada cuatro de sus seguidores. Esto sugiere que Alberto Núñez Feijóo tiene un mandato claro de su electorado para abordar estos debates sin complejos. La normalización de este marco mental facilita la convergencia de intereses entre las distintas derechas, dejando al PSOE en una posición de aislamiento defensivo.
Por otro lado, la sociedad española parece haber digerido con naturalidad la posibilidad de un gobierno de coalición entre el PP y Vox. Este sondeo indica que un 62,6% de los ciudadanos considera que los pactos autonómicos son el preludio inevitable de un futuro ejecutivo nacional. Lejos de generar el pánico que Moncloa intenta instigar, esta fórmula se percibe ya como una alternativa viable y asentada en el panorama político.
Esta situación ha empezado a generar nerviosismo en las federaciones territoriales del PSOE, donde el contacto con la calle es más directo. Varios barones regionales advierten que la obsesión de Ferraz por nacionalizar las campañas bajo el eje del antifascismo es un error táctico. Consideran que situar permanentemente a la formación de Abascal en el centro del tablero solo sirve para validar sus propuestas ante el ciudadano medio.
El problema para Sánchez es que su estrategia de supervivencia se basa en la confrontación constante. Al alimentar el conflicto, ha permitido que ciertos temas que antes eran tabú ahora formen parte de la conversación diaria de los españoles. El resultado es paradójico: el Gobierno ha terminado por dar altavoz a los marcos mentales que pretendía erradicar mediante el decreto y la propaganda.
La «prioridad nacional» ha dejado de ser una bandera exclusiva de un solo partido para convertirse en una demanda transversal. El votante medio exige soluciones prácticas a problemas de gestión pública, especialmente en lo relativo al acceso a los recursos del Estado. Cuando la ideología choca frontalmente con la percepción de escasez o inseguridad, los ciudadanos tienden a priorizar lo cercano sobre lo abstracto.
Pedro Sánchez se enfrenta ahora al reto de recuperar a ese tercio de sus votantes que ya no compra su mercancía intelectual. Si el PSOE no es capaz de ofrecer un discurso creíble sobre la gestión de fronteras y servicios públicos, el trasvase de votos hacia opciones más pragmáticas será inevitable. El muro que pretendían levantar contra la derecha está siendo saltado, curiosamente, por sus propios electores.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 5, 10, 20, 50 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















