El vicesecretario de Hacienda, Vivienda e Infraestructuras del PP, Juan Bravo, ha puesto cifras al colapso que vive España por la desidia del Ejecutivo de Pedro Sánchez. Según el dirigente popular, el país necesita de forma urgente una inversión superior a los 300.000 millones de euros para modernizar unas redes que caen a pedazos. El diagnóstico es claro: el PSOE lleva ocho años sin hacer absolutamente nada, dejando morir la seguridad y la estabilidad de nuestras conexiones básicas.
Ante este vacío de gestión, el PP ha anunciado que asumirá un plan inversor ambicioso cuando Alberto Núñez Feijóo alcance la presidencia del Gobierno. Este proyecto, diseñado con un horizonte de entre 10 y 15 años, se desarrollará de la mano de los sectores y organismos afectados para garantizar su eficacia. Bravo ha sido tajante al recordar que, cuando un gobierno renuncia a gestionar, la factura la acaban pagando siempre los ciudadanos con un peor servicio.
Los ejemplos de este abandono son cotidianos y, en ocasiones, trágicos. Hemos visto cómo se apaga la luz por falta de previsión, cómo los trenes sufren retrasos constantes o, desgraciadamente, accidentes con víctimas mortales que evidencian la nula conservación de las vías. Esta falta de mantenimiento e inversión es el síntoma de un Ejecutivo más preocupado por la supervivencia política que por la seguridad de quienes utilizan el transporte público cada día.
La ausencia de planificación por parte del PSOE no solo afecta a la movilidad, sino que está lastrando el desarrollo industrial y la construcción de viviendas. Existen inversiones paralizadas en sectores estratégicos porque el sistema no es capaz de suministrar la energía necesaria debido a la falta de infraestructuras. Es un cuello de botella que asfixia la economía española y frena la creación de empleo en un momento de máxima incertidumbre.
El PP exige una gestión pública que se centre en resolver los problemas reales, aquellos que permiten que los ciudadanos vivan mejor. Frente a esto, Bravo ha censurado la incoherencia internacional de un Sánchez que dice no a Estados Unidos mientras su ministra Robles envía aviones a zonas de conflicto. Esa falta de criterio en política exterior daña la imagen de España y demuestra que el presidente solo busca su beneficio personal.
La parálisis de la red ferroviaria y eléctrica es la herencia de un modelo basado en la propaganda y no en el presupuesto. Juan Bravo insiste en que la política debe volver a ser una herramienta de gestión para evitar que España pierda el tren de la modernidad. No se trata solo de asfalto y hormigón, sino de la base necesaria para que la industria y las familias puedan prosperar con garantías de futuro.
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