Juan Abreu: “La prensa oficialista catalana es comparable a la castrista”

Juan Abreu. Fotografía de Michel Abreu.

El escritor y pintor Juan Abreu (La Habana, 1952) se exilió en Barcelona tras huir de Cuba en 1980 junto al poeta Reinaldo Arenas. Iconoclasta de vocación, acaba de reeditar con Hypermedia la novela “Rebelión en Catanya”, una sátira sobre el separatismo catalán que el procés ha convertido en profética.

Con “Rebelión en Catanya” se adelantó hace diez años al proceso independentista catalán. ¿Ha superado en algún aspecto la realidad a la ficción?

Aún no, afortunadamente. Pero a cada rato encuentro una noticia en los diarios que me hace pensar… ¡estos han leído el libro! Los nacionalistas catalanes parecen ir siguiendo su estela. Mi amigo el escritor Reinaldo Arenas siempre decía que “hay que tener cuidado con lo que uno escribe, porque al final te pasa”. Comienzo a pensar que tenía razón. Yo he escrito contra el nacionalismo. Y vengo de Cuba huyendo de una dictadura nacionalista (¡Patria o Muerte!), es decir, tribal, ¡y me toca vivir el ascenso del nacionalismo tribal en Cataluña!

¿Es cierto que el establishment nacionalista trató de impedir en su momento la publicación del libro?

Sí, un grupo de distribuidores catalanes amenazó al editor con no distribuir los libros de su editorial en Cataluña si publicaba mi sátira antinacionalista. Ante la perspectiva de perder el mercado catalán, el editor decidió aceptar la censura y no publicar mi novela. Ahora, Hypermedia ha publicado una nueva versión revisada y aumentada del libro, por lo que estoy muy contento. Sin embargo, la censura respecto a Rebelión en Catanya parece, de alguna manera, imbatible. Hasta ahora, una tupida costra de silencio ha cubierto la aparición del libro, a pesar de su furiosa actualidad.

En la novela, los secesionistas manipulan los libros de Historia al calor de los acontecimientos. ¿Qué opina de la polémica en torno al adoctrinamiento en las escuelas catalanas?

Las escuelas catalanas no son muy diferentes de las escuelas de Rebelión en Catanya. En eso, la realidad ha alcanzado a la ficción de mi libro. El adoctrinamiento –sutil o no– en las escuelas catalanas es algo comprobado. Se altera la Historia, se crea un ambiente tribal y se dibuja lo español como primitivo e inferior. Un verdadero cóctel xenófobo. Las escuelas catalanas son, sobre todo, una fábrica de patriotas catalanes. Una máquina desespañolizadora. Lo asombroso –y suicida– es que el Estado español no sólo ha permitido esa situación durante décadas, sino que, en ocasiones, ha colaborado abiertamente con ella. Por desidia, por cobardía, han vendido España a los nacionalismos provinciales –sobre todo al catalán y al vasco– a cambio de apoyos para gobernar. Ya sé que sonará duro, pero creo que es una actitud que a veces ha lindado con la traición a los ciudadanos españoles libres e iguales.

Usted se ha definido como un “extranjero profesional”. ¿Cómo ve que en Cataluña se pueda multar a un comercio por rotular exclusivamente en español?

Me parece una prueba del éxito del nacionalismo xenófobo en Cataluña. El catalán en Cataluña se ha convertido en la punta de lanza de las fuerzas xenófobas y antiespañolas. Multar a un comerciante por rotular su negocio en el idioma de su país es una aberración. Y, cuando digo su país, me refiero a España, naturalmente, que es el único país que hay en España. Resulta vergonzoso que se tenga que aclarar algo así.

El nacionalismo considera a Junqueras o a los líderes de ANC y Òmnium “presos políticos”. ¿Pueden equipararse estos a los disidentes encarcelados en su país?

Como tengo muchos amigos que han sido presos políticos, que los nacionalistas llamen así al señor Junqueras o a ese dúo de agitadores a sueldo me parece inmoral, pero consistente con la bajeza y la violencia verbal que caracteriza al nacionalismo catalán.

En un artículo ponía en duda que el 155 hubiera restablecido “la normalidad” en Cataluña. ¿Por qué razón?

El 155 no ha restablecido ni restablecerá la normalidad, sea eso lo que sea, en Cataluña. Para conseguir cierta normalidad democrática hubiera hecho falta suspender la autonomía catalana varios años y desmantelar la maquinaria antiespañola levantada por la Generalitat. Es decir, retirar las competencias de Educación y Seguridad a la Generalitat, así como cerrar TV3. Ese sería un buen comienzo. Así, tal vez, se recuperaría poco a poco la normalidad en Cataluña.

También sostiene que el catalanismo moderado es una “ficción”.

Nunca ha existido un catalanismo moderado. El llamado catalanismo moderado era, en verdad, una conspiración nacionalista y antiespañola, como el tiempo y los más recientes acontecimientos han probado. ¿Pujol moderado? No me hagan reír. El que sostenga tal cosa es muy ingenuo, o muy tonto, o muy malintencionado. Desde el mismo momento de la redacción de la Constitución de 1978, ya estaba el nacionalismo catalán –a Jordi Solé Tura y Miguel Roca i Junyent me remito– conspirando contra una España libre e igualitaria. Siempre han sido desleales. Siempre se han creído superiores. Nunca han querido una España de ciudadanos libres e iguales.

La Junta Electoral ha expedientado a los medios públicos catalanes por estar “al servicio” del independentismo. ¿Cree que es así?

Sí, absolutamente. La prensa oficialista catalana es comparable a la castrista. TV3 es el Granma de la oligarquía catalana. Padecí el Granma muchos años, así que lo identifico en cuanto lo veo.

Usted participó en las manifestaciones convocadas por Sociedad Civil Catalana. ¿Por qué los unionistas catalanes han tardado tanto en romper su silencio?

Por miedo, por dejadez, porque en el fondo muchos anteponen su almita catalana. Aún entre los que no quieren independizarse de España y no participan de la xenofobia del nacionalismo, no hay una consciencia española, una consciencia ciudadana nacional. El espíritu de la tribu es poderoso, y se le han hecho muchos sacrificios a lo largo de los años. Yo aprendí hace tiempo que, para ser libre, lo primero que tenía que hacer era abandonar la tribu. Por eso siempre digo que no soy cubano. ¿Por qué tengo que serlo? A la mierda la cubanidad. Soy un hombre libre en el paisaje del mundo. Hasta que los catalanes no aprendan eso, no serán libres.

¿Hay motivos para el optimismo tras los resultados del 21-D?

No muchos. Pero es mejor que nada. El panorama es muy turbio y no veo a nadie, ni siquiera a Ciudadanos, que parezca dispuesto a hacer lo que hay que hacer. Salir de la cueva, abandonar la tribu –¡todavía la señora Arrimadas habla de Cataluña como de un país!–. Eso de reivindicar siempre el terruño primero es primitivo, anticiudadano y patético; y es hacer prevalecer la sentimentalidad sobre la modernidad y la ciudadanía. Así no iremos muy lejos. Con el nacionalismo no se puede contemporizar, hay que derrotarlo. Y la mejor manera de derrotarlo es comenzar por extirpar de nuestros corazones el temblor tribal y dejar paso al resplandor ciudadano.

Una entrevista de Óscar Benítez.

 

 

 

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