Dos de las entidades más imprevisibles en la Cataluña del postprocés son el Barça y Esquerra Republicana. Y ambas están, ahora mismo, al borde de la implosión. ¿Esquerra está peor que el club culé? No lo tengan tan claro, recuerden la delicada situación económica azulgrana, y su decepcionante rendimiento deportivo esta temporada.
El Barça separatista de Laporta y la ERC separatista no sabemos muy bien si de Rovira, Junqueras o Torrent, están viviendo momentos de transición. Unos, hacia su más que posible destino como club deportivo en manos de un fondo extranjero que asuma la deuda galopante del club después de la huida hacia adelante de la diectiva culé. Y los otros destinados a ser los monaguillos del separatismo ‘light’ de Salvador Illa.
El fin de etapa de los antaño triunfantes Laporta y el tridente Rovira/Arragonès/Junqueras es más que inminente. En el caso del presidente azulgrana, pensamos que hacia una vida profesional mejor, al menos desde el punto de vista de la facturación – en nuestra modesta opinión -. En el caso de Esquerra, como bisagra que apuntalará a los socialistas con amenazas puntuales de volver a la ‘casa’ del padre convergente si los de Illa les niegan las prebendas que creen merecer.
Illa ya se ha convertido en el voto útil del separatismo, tras asumir íntegra la política lingüística separatista de exclusión del español de la escuela catalana y tras convertirse en la gran esperanza de que en un futuro cercano se celebre un referéndum de autodeterminación. De hecho, siempre ha habido sectores en el PSC a favor de la consulta, y la nueva dirección socialista ha apostado por sus sectores más soberanistas, como la ‘nacionalera’ Alicia Romero o la ‘anti155’ Núria Parlón.
Una vez los socialistas ya se han pasado al separatismo ‘light’ (mismos objetivos, pero a largo plazo) Esquerra ya no tiene sentido como partido hegemónico, y solo será el complemento de la mayoría secesionista de turno. Con más querencia por el PSC, por aquello de disputarse con Junts el poder municipal y comarcal en la Cataluña no metropolitana. Ambos, Barça y ERC, externalizan la gestión de sus deseos: el Barça de Laporta en algún magnate extranjero, los republicanos en un Illa pujolista siempre dispuestos a acogerlos en la ‘casa gran del catalanisme’.
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