En una semana tan poselectoral como ésta y con el consiguiente resacón informativo, opinativo y mediático que proporcionan los resultados de las elecciones a la Generalitat catalana, con un incierto horizonte de pactos y con mil estrategias distintas para alcanzar la plaza de Sant Jaume, no queda otra que afirmar aquello de “en qué lio nos hemos metido”. Todo gracias a los hijos de Colau y Yolanda que rompieron la baraja de apoyo al Govern de Pere Aragonés provocando que éste saliera por la tangente convocando elecciones anticipadas a la catalana o española. Es decir, a la de “aguántame el cubata que le doy”. Y se la dio. La torta, claro, el propio Aragonés y unos cuantos secesionistas más.
Cuando el mundo político estaba pensando en el transcurrir del calendario de la Ley de amnistía, que parece ser el bálsamo de fierabrás que va a curar a los indepes de todos sus males y afecciones, nos monta el presi caído una convocatoria electoral entre las vascas y las europeas, que nos pilla a todos en plena operación bikini, machacando gimnasio y paseando por el monte como si lo hubiéramos conquistado, con el cerebro en otra cosa y haciendo cola en la AP-7 dirección a las playas de Girona o Tarragona para pillar bronce y marcar nuestro metro cuadrado de arena, no vaya a ser que alguien nos quite nuestro rebozador espacio de cara a las vacaciones de agosto. Quien las tenga, claro.
Todo eso para que Aragonés salga al día siguiente de perder las elecciones y diga que abandona “todos los cargos institucionales y de partido” en cuando le pase el mando de la Gene al siguiente candidato a expresident. Para tomar una decisión así no hacía falta montar elecciones don Pere, ¿o acaso no se había dado cuenta de su fragilidad político-numérica ni de su escaso empaque y apoyo para dirigir la Generalitat y a los catalanes? Bajar de 33 diputados a 20 y perder 180.000 votos es un logro que constará en los libros de historia de ERC en letras mayúsculas y muy oscuras.
Mucho más cuando se reparten esos votos regalados sus dos enemigos colindantes: el Psc de Illa, por el lado izquierdista, y Junts de y para Puigdemont, por el nacionalista. Vamos, que Aragonés se ha convertido en el “pagafantas” de la política catalana regalando votos a diestra y siniestra. De lo que pase con ERC tendremos semanas, o meses, hasta noviembre y su congreso para ver y conocer la visión retorcida que ofrecen a sus cada vez menos seguidores y las soluciones a ese proyecto. Que su dios republicano les coja confesados.
En situación normal y tras lo descrito cualquiera pensaría que el voto nacionalista se ha resentido y que el voto constitucionalista (o no claramente nacionalista) ha vencido. Ambas cosas son verdades y mentiras a medias. La verdad, es que por primera vez el voto secesionista no es el más relevante pues el constitucionalismo teórico (si entendemos que Psc y Comuns siguen siendo 100% españoles, que es mucho entender) ha conseguido ser más votado, en concreto con alrededor de 1.670.000 votos, mientras que los secesionistas consiguieron 1.360.000, es decir, un 22.5% menos.
Tras 44 años es la primera vez que se produce ese vuelco en resultado electoral por bloques. Pero también deberemos concluir que el secesionismo no ha sido derrotado pues tiene el mismo número de votantes que en las anteriores autonómicas del 2.021. Esa es la auténtica mentira y la gran verdad de estas elecciones.
Los que pregonan que el “procès” está muerto deberían tomar muy buena nota de ese resultado y de la cantidad de votantes que se mantienen fijos en la sedición, a pesar de que la participación electoral sigue siendo baja (57%). No se crean que el “procès” está muerto, sólo está de parranda, como dice la letra de la canción compuesta por el colombiano Guillermo González titulada “El muerto vivo”. Ese “muerto vivo” sólo podrá ser derrotado cuando desaparezcan de la ecuación sus dos promotores más relevantes: Puigdemont y Junqueras y cuando los partidos que representan se dediquen a hablar de las soluciones a los problemas reales de Cataluña y no de sus elucubraciones político-espirituales.
Mientras tanto, no nos olvidemos que las próximas semanas van a ser un constante tira y afloja de indecisiones de unos (Erc, Comuns o PP) y extorsiones de otros (Puigdemont para Puigdemont y por Puigdemont). Todo por saber qué hacer con Salvador Illa, si apoyarle para la investidura como President de la Generalitat o enviarle de embajador a Raticulín (propuesta Puigdemoníaca). Nos lo vamos a pasar pipa contándolo, pero nos obliga a comprar más palomitas. O para pronto el circo político o a mi cuerpo no hay “operación bikini” que lo solucione tras tanta palomita.
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