El separatismo basa su fuerza actual en su capacidad de adoctrinamiento, en su total dominio y control de la escuela pública y buena parte de la privada; en el control de las universidades públicas; en su hegemonía en los sindicatos y entidades relacionadas con la educación. Todo ello ha facilitado que su cosmovisión sea la que se haya impuesto en buena parte de la sociedad catalana. Dominan el mundo educativo, lo que significa que dominan el futuro de los catalanes. Los forman y deforman a su gusto, solo con la oposición de un puñado de docentes valientes que son perseguidos y hostigados por la Generalitat y sus aliados secesionistas mientras muchos permanecen callados por puro miedo a ser los siguientes en ser perseguidos.
Recordemos como una ex estrella infantil como Ramon Peris-March se preguntó en redes sociales si la Unidad Militar de Emergencias que vino a desinfectar el aeropuerto de El Prat en el momento más álgido de la pandemia hizo eso realmente, o echó “un contaminante”. Este independentista radical fue durante años el intérprete más popular del Club Super3, el club infantil de TV3, y en sus manos estuvo el entretenimiento de centenares de miles de niños. Este canal infantil fue la herramienta que creó el pujolismo para «catalanizar», o mejor dicho “separatizar», a fuego lento a miles y miles de niños vendiendo las bondades de una Cataluña ajena a España, en la que los referentes del resto del país son ignorados.
El Club Super3 más que inocular odio a España ha vertido indiferencia, por lo que muchos jóvenes solo se sienten catalanes, y así ha sido más fácil venderles milongas como la de «espíritu del 1 de octubre» o «la República catalana de las libertades frente a la España dictatorial que no superó el franquismo”. Esos mantras que repiten buena parte de las nuevas capas de votantes que se suman a los partidos independentistas los han mamado en TV3, en los programas de radiofórmula juveniles dominados por empresarios secesionistas (con frecuencias y ayudas a cargo de la Generalitat), en buena parte de los movimientos de escoltas y en las aulas.
Hay mucho trabajo por delante, pero lo primero es que el resto de España, sobre todo los partidos que pueden alternarse en el Gobierno de la nación, tengan claro que el separatismo adoctrina a los niños, y que esta práctica ha de ser combatida, democráticamente, sin descanso. De lo contrario nuestro país acabará destruido.
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