Los jefes de cualquier político son, por naturaleza y por deber debido, los ciudadanos que nos votan y nos dan confianza para aplicar nuestro proyecto político. Orgánicamente, nuestros jefes, son también las personas que lideran la organización política de cada cual, siguiendo una coherencia en el discurso en los diferentes territorios y, en definitiva, un discurso unitario en el conjunto del país.
En Cataluña existe una ambición por parte de determinadas fuerzas políticas de querer ser diferentes o singulares, según la conveniencia, rechazando los modelos de éxito de otras comunidades autónomas en cuanto a las políticas públicas y arriesgar en la innovación de modelos que nos hacen fracasar de forma reiterada.
El pasado mes de agosto, Salvador Illa fue investido president de la Generalitat y su pacto de investidura es el mayor ejemplo de innovación destinada al fracaso. No es un pacto dirigido para asegurar la gobernabilidad de la comunidad más políticamente inestable de las últimas décadas en España y tampoco es un acuerdo que prime la mejora de unos servicios públicos en constante degradación.
Es un pacto de sumisión a ERC y es el acuerdo de asunción, por parte del PSC, de la agenda nacionalista que ha llevado a Cataluña hacia una decadencia sin precedentes en los últimos años. Con el pacto de investidura el PSC y Salvador Illa en primera persona han consumado un cambio de jefes. Han cambiado a los ciudadanos y el interés general por ERC y sus intereses personales.
Los ejes de acción del govern de la Generalitat ya no serán el aumento de las herramientas y plantillas de los Mossos d’Esquadra para actuar sobre la alarmante situación de inseguridad en muchas ciudades catalanas, no serán tampoco las mejoras del sistema educativo para revertir los nefastos informes sobre la calidad educativa, ni mucho menos los aumentos presupuestarios para dotar a la sanidad pública catalana de los recursos necesarios para combatir las largas listas de espera.
Salvador Illa y el PSC han decidido que las prioridades políticas sean seguir alimentando una macro-estructura de organismos públicos que no funciona, salvo para colocar a los afines de PSC y ERC, y seguir con una política fiscal que nos consolide, desgraciadamente, como la comunidad autónoma de España con los impuestos más altos, hecho que convierte a la Generalitat en una administración que somete a sus ciudadanos a una asfixia económica incomprensible mientras reciben unos servicios públicos de segunda.
Y han decidido, también, que el principio inspirador de esos acuerdos entre PSC y ERC sea la supervivencia política de unos y los intereses personales de otros. La supervivencia de ERC y el interés personal de Salvador Illa de ser investido president a cualquier precio.
El principal precio que ha pagado Salvador Illa para ser investido es convertirse en rehén de ERC. No es Illa y el govern del PSC quienes marcan la agenda y las prioridades políticas, ellos solo ocupan los cargos y habitan los despachos del Palau de la Generalitat. Quien manda es ERC desde la sede de la calle Calabria. La misma sede donde PSC y ERC han pactado un acuerdo de financiación singular, a modo de cupo independentista, que es inconstitucional y anti-estatutario, que perjudica los intereses del conjunto de los ciudadanos y que viene a extender el procés al resto de España creando, otra vez, un conflicto político y social.
¿Y a quien beneficia también la sumisión del PSC a ERC? A Pedro Sánchez. El presidente más detestable de la democracia consigue tener un president interino en Cataluña y unos socios complacidos con ERC, mientras hace negocios parlamentarios, aunque cada vez menos, con Junts y Puigdemont en el Congreso de los Diputados.
En definitiva, Pedro Sánchez y Salvador Illa han perdido el liderazgo político y socavado cualquier principio moral en favor de aquellos que los tienen secuestrados a cambio de seguir unos meses más en el poder. El poder por el poder y a cualquier precio. Han cambiado el interés general y el bienestar de los ciudadanos por su propio interés personal convirtiéndose en rehenes de aquellos que sueñan con romper con el orden constitucional, con destruir la democracia y derribar el Estado de Derecho que tanto nos ha costado construir.
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