
Salvador Illa vende que con su llegada a la presidencia de la Generalitat ha «finalizado» el ‘procés’ y ha comenzado una nueva etapa política en Cataluña, caracterizada por el «reencuentro». Eso es lo que vende, porque la realidad es la de los últimos años. Un separatismo muy crecido acostumbrado a una gran virulencia verbal y física que sigue a lo suyo.
Los grupos radicales separatistas, alimentados durante años por las administraciones controladas por ERC, la CUP, Junts, Comunes y el PSC siguen amenazando a todos los que osan alzan la voz contra el separatismo. Y siguen con su lenguaje violento contra todos los símbolos comunes a todos los españoles. La entidad juvenil S’ha Acabat! es uno de sus objetivos preferidos, pero pocos se libran de su violencia simbólica, y no tan simbólica.
A veces, de forma colateral, meten en el mismo saco a la Monarquía con Salvador Illa y Jaume Collboni, a pesar de la sumisión del PSC a los postulados del independentismo. Un ejemplo lo tenemos en la reciente visita de la Reina Sofía al campus Ciutadella de la Universidad Pompeu Fabra, en el circuló una imagen con una guillotina y la imagen de la Reina emérita junto a la del alcalde de Barcelona y el presidente de la Generalitat. Fue difundida por el principal sindicato estudiantil separatista.

Son multitud los colegios alrededor de Cataluña en los que hay padres que no se atreven a alzar su voz para pedir enseñanza en español para sus hijos para evitar que los señalen y estigmaticen. La violencia simbólica que existe en muchos claustros escolares provoca que opinen profesores discrepantes con la política de imposición lingüística de la Generalitat. Así se evitan problemas con la dirección del centro y con muchos de sus compañeros, auténticos comisarios lingüísticos.

Con la pancarta del lema oficial de Som escola, una plataforma integrada por un buen número de entidades separatistas – Òmnium, ANC, Plataforma per la Llengua, SEPC, FNEC, etc -, en la puerta de muchos centros escolares es difícil que haya profesores que luego pidan relajar los criterios lingüísticos de la Generalitat, ahora en manos del PSC. El lema «Ara i sempre, l’escola en català» deja claro que no hay lugar para el bilingüíismo y, por lo tanto, para el respeto lingüístico para los niños y profesores castellanoparlantes.
La violencia simbólica en Cataluña sigue muy viva, y con Salvador Illa con sus posaderas bien ajustadas a la poltrona de ‘president’. Por cierto, también es ‘violencia’ imponer solo los símbolos de una parte de Cataluña. El ignorar la bandera de España, como continuamente hacen tanto Illa como muchos de sus consejeros, y poner solo la bandera catalana en multitud de actos, también es una violación moral del respeto que merecemos todos los catalanes que respetamos la Ley.
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