Ignacia de Pano es una de las tuiteras más reconocidas dentro del constitucionalismo catalán, y sus certeros mensajes tienen una legión de seguidores en toda España. Creo que no hay semana que escuche su nombre en alguna emisora nacional citando alguna de sus opiniones. Se ‘moja’, y mucho, en defensa de los que se oponen a la locura separatista, y lo hace con educación y buen humor.
¿Qué te ha dado Twitter?
¡Qué pregunta! La verdad es que Twitter ha sido, y es, muy importante para mí, aunque cuando me abrí la cuenta lo último que tenía en la cabeza era escribir sobre política. Como muchísimos catalanes contrarios al nacionalismo estaba acostumbrada a callar. Me he pasado la vida contemporizando y cediendo en todo tipo de circunstancias, personales o profesionales, para tener la fiesta en paz. Se nos ha educado para no ponernos en evidencia porque todos tenemos la impresión, probablemente cierta, de que significarnos políticamente en contra de la maquinaria de poder que ha sido Convergencia y sus derivados podía tener consecuencias.
Yo empecé en Twitter con seudónimo y hablando de cosas perfectamente banales, pero poco a poco, al coincidir en el tiempo con el Procés, la necesidad de hablar por fin se fue haciendo cada vez más fuerte. Hasta que un día decidí tuitear en mi propio nombre, defender mi mínimo espacio de libertad personal para expresar mis opiniones sin que el miedo aprendido y la autocensura me coartaran. Y en el camino he encontrado a muchos amigos que opinaban como yo y también estaban rompiendo su silencio por primera vez y muchas personas que nos apoyan desde fuera y de las que no paro de aprender.
Recientemente has tenido tu bautismo de fuego como articulista con dos columnas en elCatalán.es, una antes y otra después de las elecciones autonómicas, que tuvieron una buena acogida. ¿Qué es lo más te sorprendió de la experiencia?
Pues mira, lo que más me sorprendió es que tú pensaras que podía escribir esas columnas y tuvieras la idea de sugerírmelo (ríe). Hablando en serio, la experiencia ha sido muy gratificante. Siendo el asunto las elecciones catalanas, sabía muy bien lo que quería decir. Se trataba de suplir la falta de oficio en como decirlo con voluntad y mucho cuidado. Las reacciones me dejaron anonadada porque fueron muy generosas y entusiastas, quizás porque las columnas decían lo que muchos, que llevamos callados demasiado tiempo, pensamos. Te agradezco mucho que me dieras la oportunidad de escribirlas y espero que no te hayas arrepentido de hacerlo (sonríe).
En una de esas piezas pusiste el dedo en la llaga al afirmar que el constitucionalismo catalán escoge, en muchos casos, la papeleta según la valentía y el arrojo que hayan tenido los candidatos a la hora de plantar cara al separatismo. ¿Crees que es un voto de autodefensa?
Sí. Creo firmemente que el voto constitucionalista en Cataluña es un voto de autodefensa que valora mucho la valentía y la firmeza en las convicciones. Todos sabemos aquí lo áspera que es la vida a contracorriente, y los gestos de coraje pueden definir el voto en muchos casos por eso mismo, porque sabemos lo difíciles que son. También porque la política en Cataluña es de previos. No se vota en función de programas sino de básicos: el derecho a poder decir que te sientes español sin temor a las consecuencias, el derecho a ser escolarizado en la lengua materna, el derecho a que se te vea y no se te ignore en los medios de comunicación públicos. Si lo que está en juego es dejar de ser ´bestias humanas”, por usar la demente expresión que usó Torra en aquel vergonzoso artículo, se tiende a simpatizar con el que de verdad da la cara por ti. Que tiren piedras sobre un candidato y que este no se arrugue constituye un símbolo muy potente. El contemporizar con una estrella de la radio independentista también. Aunque simbolicen y traigan consecuencias en el voto muy diferentes.
¿Por qué desde el Madrid político y mediático nos han dejado tantas veces tirados a los constitucionalistas catalanes?
Eso me gustaría saber, aunque en el fondo lo tengo muy claro. En tiempos de Pujol siempre se usó al electorado constitucionalista catalán como moneda de cambio. Se llegaba a acuerdos con el “Español del año” de ABC, (acuérdate de aquel bofetón colectivo, Sergio), para obtener a cambio sus votos en Madrid y poder gobernar tranquilos en Moncloa. Y así, poco a poco, cediendo competencias una a una, se llegó a esta situación en la que se ha vaciado Cataluña de presencia del Estado. En el Madrid político siempre se ha estado muy lejos de nosotros. Humanamente lo entiendo, esto es muy duro y a los zapatos acostumbrados a moquetas y chóferes no les apetece nada venir a ensuciarse en este barro. Pero es lo que hay, nosotros vivimos aquí, y nos han traicionado todos, desde el PP hasta el PSOE.
¿Qué sería necesario para crear una alternativa sólida al separatismo que sirviera para remontar, aunque sea en treinta años, la actual hegemonía política, social y cultural que posee en Cataluña?
En un mundo ideal tendríamos que empezar por conseguir una educación que no fuera la formación del espíritu nacional que tenemos ahora, y una TV3 que de verdad fuera la televisión de todos los catalanes. Pero tú y yo sabemos que eso no va a pasar. Así que tenemos que seguir hablando por donde nos dejen, aunque sea en Twitter, porque nuestra sola presencia ya es en sí una victoria. Estamos, no nos callamos. No están acostumbrados a eso y no podemos retroceder ni un centímetro. Respecto a los políticos, yo les pediría un compromiso verdadero y cuatro convicciones claras: una idea de España; la igualdad de todos los ciudadanos, porque ahora hay una mitad considerada de segunda, y la valentía de hablar sin arrugarse en cualquier punto de Cataluña. Y, ya puestos, que no nos olvidaran pasadas las elecciones, porque aquí vivimos los mejores españoles, los que pudiendo ser otra cosa mucho más fácil, hemos optado por lo más difícil.
¿Crees que el “lo volveremos a hacer” de los separatistas es una fanfarronada o una amenaza real?
Es una amenaza real. Lo volverán a intentar una y otra vez porque lo suyo no es una ideología, sino una religión y un modo de vida con sus clientelismos y sus intereses cruzados. No pararán nunca de intentarlo y cuanto antes lo asumamos mejor nos irá. Hay que plantarles cara siempre y usar todas las herramientas que nuestro ordenamiento jurídico pone a nuestra disposición para ir conteniéndoles. Mientras la educación y la propaganda sean tan aplastantes no habrá solución. Usando el título del libro de Juaristi, es un bucle melancólico.
¿Has sido acosada en redes sociales por mantener posturas críticas con el separatismo catalán?
Todo el que se expone en redes sabe que la cruz del asunto es que a mucha gente no le va a gustar lo que dices, aunque nada puede prepararte para el nivel de violencia verbal y el odio con el que después te encuentras. Recuerdo haber tenido días en el otoño del 2017 en que leía las amenazas y los insultos literalmente temblando. Nada en mi vida me había preparado para ser vejada con la inquina con la que lo he sido en Twitter. Pero con el tiempo hasta a eso te acostumbras. Señal de que lo que dices hace su efecto, de que te perciben como un peligro para el pensamiento único. Durante un breve periodo de tiempo tuve también amenazas fuera de redes que más tarde desaparecieron. Quiero pensar que de críos descerebrados, porque la alternativa me habría paralizado y eso es lo único que no voy a permitir.
Tienes orígenes familiares en tierras oscenses, en lo que los nacionalistas catalanes llaman la “Franja de Ponent”. ¿Se nota mucho el pancatalanismo por esas tierras, que forman parte de ese ente fantasmagórico creado por el secesionismo llamado ‘Països Catalans’?
Pues mira, eso depende de pueblo a pueblo. En el mío, que es de habla castellana, lo que se nota es todo lo contrario: un enorme hartazgo con la situación de su comarca natural y ya que estamos, el aprovechamiento de todas las oportunidades económicas que están lloviendo sobre la Franja huyendo de la locura identitaria a solo diez kilómetros. Lo que sí sé es que los que iban a comprar a Lérida ahora van a Zaragoza, aunque esté tres veces más lejos. Se ha generado mucho cansancio y mucho disgusto y se ha roto, de forma innecesaria, una forma de vida en común que nos beneficiaba a todos.
¿Cómo explicas a tus amigos del resto de España lo que estamos viviendo en Cataluña?
Bueno, mis amigos del resto de España bastante tienen leyéndome en Twitter y haciéndose cruces, porque en la vida real soy una persona muy pacífica y educada, y no se pueden creer lo que llego a escribir por ahí. Trato de explicarles que el nacionalismo no es toda Cataluña, para que no nos invisibilicen ellos también. Les cuento que no gozamos de los estándares de libertad que se dan por supuestos en el resto de España y que tener determinadas ideas aquí, sentirse español, es algo que se paga, con incomodidad en la mayoría de los casos pero también con carreras frustradas y problemas de integración social en algunos otros. Que si vives en un pueblo tienes que aprender a callar, y que tenemos el reflejo condicionado de medir siempre por anticipado las consecuencias de nuestras palabras. Al final, de lo que se trata es de que se vinculen con nosotros y vivan nuestra experiencia como algo suyo. Porque el apoyo del resto de españoles, tú lo sabes bien, nos da mucha fuerza.
¿Qué pasaría si la CUP tuviera consejerías en el gobierno autonómico catalán?
La posibilidad de que la CUP tenga consejerías no me lo quiero ni plantear porque sería una pesadilla. No se pueden poner el poder en manos de antisistemas que han demostrado un desprecio olímpico por el Estado de derecho. Nos deja a todos inermes y vulnerables. Aunque tengo claro que ERC y Junts les darán lo que se les pida. Es un sinsentido que tanta burguesía vote a partidos abiertos a pactar con sus mayores enemigos, pero lo único que no se puede pedir al Movimiento es lógica. Se mueven bajo los parámetros de la Fe.
¿Te sientes segura con una policía autonómica, sobre a todo con los antidisturbios de la BRIMO, a la que los separatistas quieren dejar inerme ante los violentos radicales?
Últimamente, quién me lo iba a decir a mí, siento una gran simpatía por los Mossos, que están en tierra de nadie y no gustan ni a unos ni a otros. Me parece muy grave que actúen sin el paraguas claro de sus responsables políticos y creo que las BRIMO tienen mucho mérito porque juegan con todo en contra. Dicho lo cual, no me puedo sentir segura desde el momento en que vivimos desde hace cuatro años en un permanente estado de alarma y sin saber cuándo va a producirse la nueva ola de violencia urbana. Nos hemos convertido en un paraíso de antisistemas de toda Europa que han encontrado aquí su campo de juegos, y eso está generando mucha ansiedad, mucho cansancio y mucho miedo. Sin ley ni orden no hay democracia posible.
¿Ganaremos la batalla de las ideas al separatismo?
¡Ay, qué pregunta! Theodor Adorno escribió que él no creía que las cosas fueran a salir bien, pero que la idea de que a lo mejor lo hacían era de una importancia capital. Yo estoy de acuerdo. Esta batalla pacífica por la libertad y la democracia merece darse y tenemos que darla. Y si el nacionalismo no se cansa jamás, nosotros, que tenemos la razón, tampoco. Fíjate, ya han pasado casi cuatro años desde el 1 de octubre y aquí seguimos, con España un poco maltrecha pero aún intacta. Creo que como las verdaderas cosas importantes de la vida, el cuidar a un enfermo, la construcción de una carrera profesional o de una familia, es algo que debemos afrontar día a día. Dar la cara cada día, visibilizarnos cada día, vencer a la autocensura y al miedo cada día. Mañana Dios dirá, pero de momento la batalla de hoy la hemos ganado. En fin, Sergio, que sí. Que yo creo que España es más fuerte de lo que ella misma cree y seguirá existiendo. Que tú y yo nos moriremos aquí de muy viejos, españoles y en España.
Una entrevista de Sergio Fidalgo
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