TV3, la televisión de la Generalidad de Cataluña, está tan tomada por la propaganda separatista que ya no tiene remedio. Porque la degeneración de la cadena hasta convertirse en un mero altavoz propagandístico de los partidos independentistas se ha producido con la complicidad activa de muchos de sus empleados, y el silencio del resto.
Los trabajadores de la televisión de la Generalidad casi siempre han estado callados, y solo han elevado la voz en muy contadas ocasiones. Poco remedio hay con la actual estructura para que esta cadena se pueda convertir en algo parecido a un servicio público que sea útil para la gran mayoría de la sociedad catalana.
Y, sobre todo, que deje de ser una herramienta de crear un clima de opinión basado en el odio hacia todo lo que huela a España. Ha dejado de ser un servicio público y por eso hay que cerrarla para refundar una televisión pública que en vez de ser una generadora de rencor, sea útil para la sociedad catalana.
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