La publicación del contrato que el Barça tuvo durante años con el vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros es otra prueba más de que el separatismo se cree superior y diferente al resto de los mortales. La cuestión es no aceptar nunca las normas que les perjudican y obligar a los demás a acatar las que les benefician a ellos.
Esa es la forma habitual de comportamiento del secesionismo y, por lo tanto, de su mejor escaparate a nivel internacional: el Fútbol Club Barcelona. De ahí que varios presidentes del Barça como Ada Colau o Pere Aragonès jueguen a la desobediencia selectiva, y hacen lo que les da la gana. Hacen como que acatan las leyes, pero exigen privilegios.
El Barça piensa que está por encima de la ley y se cree que es de una pasta especial. Vamos, que las instituciones deben tratarlos de manera diferente, que es lo mismo que decir que han de tener privilegios. Hay que acabar con esta situación injusta.
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