El Espanyol revivió en Leganés los fantasmas que lo han traído, en buena parte, hasta la Segunda División. Todo el mundo recuerda los vergonzosos arbitrajes sufridos en el tramo final del curso pasado, y en Butarque volvió a sufrir un mangazo, en toda regla.
El colegiado Trujillo Suárez no quiso pitar un clamoroso penalti sobre Nico Melamed en el primer tiempo. Bueno, lo pitó, pero tras consultarlo en el VAR, lo anuló, una decisión que es todavía menos comprensible, porque la pena máxima vista por la televisión es de manual.
El equipo de Manolo González, quien acabó expulsado con roja directa, mereció llevarse algo más del sur de Madrid. Los blanquiazules dispusieron de ocasiones de gol claras, pero volvieron a mostrase precipitados en los metros finales. El Leganés también tuvo sus oportunidades, pero a los puntos golpearon más los catalanes.
Los pericos acabarán, pase lo que pase, el resto de la jornada en zona de ascenso directo gracias al punto sumado este viernes en Leganés. La indignación es mayúscula en el entorno perico con el estamento arbitral. Como sería de gordo el asunto, que hasta el diario SPORT cataloga lo sufrido por los espanyolistas como ‘robo’. Y el domingo que viene llega al Stage Front Stadium el FC Andorra de Gerard Piqué, el morbo está servido.

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