Manolo González terminó el encuentro con un profundo malestar por la actuación arbitral. El técnico del RCD Espanyol reconoció que su equipo no completó un buen partido (perdió por 0 a 2, ambos tantos de penalti), pero señaló directamente a las decisiones del colegiado como un factor determinante en el resultado. González mostró su incredulidad ante lo vivido en el césped, comparando la situación con anteriores jornadas – puso como ejemplo el arbitraje recibido el año pasado en Mallorca – y lamentando que estas acciones perjudiquen sistemáticamente al conjunto blanquiazul.
El foco de la polémica se centró en los penaltis señalados en contra. El entrenador aseguró que, tras revisar las imágenes, el contacto de Omar fue leve y en el pecho, sin que existiera un agarrón suficiente para pitar pena máxima. En este sentido, denunció una falta de criterio comparativo al recordar una acción sobre Roberto mucho más clara que no fue sancionada. Según explicó el técnico, incluso algunos integrantes del Girona le reconocieron al finalizar el duelo que ninguna de las dos penas máximas debió señalarse.
Además de las jugadas de área, González criticó la gestión del partido por parte del equipo arbitral. Lamentó que solo se añadieran cuatro minutos de descuento y denunció las provocaciones de jugadores del Girona – Gazzaniga y Arnau – hacia la afición del Espanyol. Para el preparador perico, el árbitro tiene la responsabilidad de frenar estos comportamientos para evitar que la tensión del derbi escale. Pese a no querer justificar el lanzamiento de objetos, insistió en que el juez del encuentro debe actuar con autoridad para mantener el control y no permitir que acciones externas saquen a los jugadores del partido.
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