El ambiente en Cornellà-El Prat ha alcanzado un punto de máxima tensión tras el reciente empate contra el Levante. Los pitos que resonaron al finalizar el encuentro reflejan el hartazgo de una grada que ya no encuentra consuelo en el esfuerzo sin premio. La racha de 16 partidos sin conocer la victoria ha dinamitado la confianza en el proyecto deportivo actual.
Manolo González se encuentra en el ojo del huracán tras no lograr revertir la dinámica negativa del grupo. Aunque el técnico gallego llegó con el aval de conocer la casa, los números son una losa demasiado pesada para su continuidad anímica. La grada, que inicialmente fue paciente, empieza a señalar directamente al banquillo como parte de la parálisis táctica que sufre el equipo.
El divorcio entre la plantilla y el respetable se hizo evidente con una sonora pitada al pitar el colegiado el final. Los jugadores abandonaron el césped cabizbajos, conscientes de que el crédito se ha agotado por completo. La falta de contundencia en las áreas está castigando severamente a un bloque que parece haber perdido la brújula competitiva en este tramo crítico.
Pese a la crisis deportiva, el compromiso de la hinchada blanquiazul sigue siendo el único pilar sólido del club. Un total de 25.500 espectadores acudieron al RCDE Stadium un lunes por la noche, una cifra que demuestra una fidelidad inquebrantable. Sin embargo, este apoyo masivo no debe confundirse con una aceptación sumisa de la mediocridad institucional.
La figura de Alan Pace, presidente de la entidad, es ahora el principal foco de las críticas por su gestión distante. El máximo mandatario sigue sin tomar decisiones efectivas que sirvan para relanzar un club que parece ir a la deriva. La ausencia de un plan de choque ante la caída libre del primer equipo genera una sensación de vacío de poder muy peligrosa.
La afición teme que, de no producirse un cambio, tanto inmediato como de cara a la próxima temporada, el estadio empiece a presentar grandes claros en las próximas jornadas. El riesgo de que la masa social se desinfle es real si no perciben una reacción contundente desde los despachos. No basta con pedir apoyo constante; la propiedad debe demostrar con hechos que el objetivo es la excelencia y no la mera supervivencia.
El mercado y los cambios estructurales se presentan como las últimas balas para intentar salvar una temporada que camina hacia el desastre. La falta de inversión o de un giro en la dirección deportiva podría sentenciar definitivamente la fe de los abonados. La comunicación del club debe ganar transparencia para evitar que el silencio de Pace se interprete como una preocupante indiferencia hacia el sentimiento perico.
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