Hace falta un relator, para fijar la indignidad de nuestros gobernantes

Estas líneas apresuradas no nacen de la decepción. Son efecto de la continuada traición a los demócratas catalanes. Traición es y supina la sola mención de aceptar la existencia de un relator para el diálogo entre Gobierno y Generalitat.

En Cataluña muchas de las noticias políticas tienen un rasgo común y bien diferenciado: son cada vez más incomprensibles y preocupantes para quienes se consideran demócratas.

La falacia de los nacionalistas y populistas de adjudicar baja calificación a quienes no piensan como ellos ha envenenado a mucha gente, quizás demasiada y posiblemente porque en uno y otro caso martillean desde los medios propios y los colaboradores, con mensajes sencillos y de nulo compromiso para quien los recibe y acata al despertar los peores sentimientos.

Parte de la ciudadanía, los que se califican o dejan calificar como nacionalistas, han dado en importante medida y muchas veces, -demasiadas ya para muchos-, suficientes muestras de gregarismo, baja disposición para esfuerzo intelectual y nula capacidad autocrítica.

Esto que puede sonar a una extrema calificación arbitraria puede discutirse cuanto se quiera pero las pruebas las han ofrecido reiteradamente los propios ciudadanos que desde el poder, el colaboracionismo o el seguimiento cerril, han participado y siguen haciéndolo en ese proceso de fascistización social que, tomando como objetivo lograr la independencia de Cataluña, se han mostrado en múltiples formas que van desde la intransigencia verbalizada al matonismo reflejado en cientos y cientos de documentos de todo tipo y al alcance de cualquiera.

A ello hay que sumar las actitudes más extravagantes, las acciones más estrafalarias y las amenazas y agresiones en progresión peligrosa para la seguridad de todos.

Los medios públicos que dependen de la Generalitat son una fuente de propaganda con un creciente deterioro de las más elementales normas periodísticas con su asunción del papel de promoción activa de las consignas del régimen nacionalista en el poder.

Los responsables de la Generalitat en estos 40 años, en buena parte, han sido personas indecentes e irresponsables que, desde la corrupción, el clientelismo, la coacción a personas, grupos, empresas han tejido una red de intereses propia de cualquier mafia al uso.

Y sé que no aporto nada que no se haya dicho y demostrado y que está dando gran trabajo a policías y juzgados. Además, es tema de conversación en baja voz desde hace años por el miedo a decir públicamente lo que se hablaba continuamente. Y todos, de una u otra forma, hemos permitido que ocurriera. Por miedo, por incapacidad de oponernos o por la estupefacción de ver como se plegaban partidos, prensa, políticos y periodistas. Salvo muy honrosas excepciones que merecen respeto y apoyo.

La prueba de ello es a los que han dejado hastiados la política, los que han sido depurados por ser poco catalanes. O los periodistas que escriben desde medios de otros lugares, explicando la sinrazón de esta sociedad que se castiga sin pudor. Incluso viviendo en otras ciudades, hartos del nacionalismo y sectarismo imperante, han sido vilipendiados, hostigados y señalados como los malos catalanes.

Capítulo aparte la nueva legión de arrepentidos, esos que después de años de cargos, de puestos en parlamentos de uno u otro lugar de no hacer nada, de no aportar una sola idea porque una crítica es ya risible pensar sean capaces, ahora se muestran cautos, hablan de diálogo y parece que durante tantos años de “mamporrerismo político” nunca han sido cómplices de esta desgracia social. Sí entre los promotores nos encontramos a los convergentes transmutados de CDC a PDCat y ERC, entre los cómplices silentes y bien pagados no hay que olvidar a los píos de UDC.

En cuanto a aquellos que siguen manteniendo que son de izquierdas, aquellos a los que muchos hemos tenido por compañeros, o supuesto lo eran durante años… De esos que se cubren con lo de “catalanismo” sin lograr que nadie entienda que es y para que sirve excepto para dar coartadas a los nacionalistas, ¿qué decir de ellos?

Nada se me ocurre que no suponga ofenderles en su delgada piel de demócratas, que te miran con cierta distancia y se atreven a mantener año tras año lo que sus líderes digan, obedientemente, aunque en muchos casos son simples y sonrojantes tonterías. Y lo peor, influir en el actual Gobierno de España para que dialogue. ¿Con quién? ¿A cambio de qué? ¿Para unos meses mas en Moncloa, para tener algo que repartir con los amigos sin empleo seguro?

Saben, señores y señoras del gobierno de la nación, hoy los que se quedaron por el camino, los que de una u otra forma en algún momento luchamos por la libertad en un país asolado por la dictadura están siendo traicionados por ustedes. Están traicionando a quienes alcanzaron acuerdos para transitar el camino a la Libertad y la Democracia y lo peor es que lo saben, pero les puede más el poder a cambio de lo que sea.

Están jugando con nuestra dignidad, quizás ya con jirones y apedazada, pero es nuestro patrimonio más apreciado y en eso somos mejores porque somos demócratas, de muy diversos colores y graduación, pero no somos nacionalistas ni golpistas. Este país merece no fenecer entre tanto indigno y merece una ciudadanía más valiente y sobre todo gobernantes decentes, y los actuales desconocen su sentido.

José Luis Vergara. 5 Febrero 2019


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