Pablo Casado ha tenido estos días el mayor gesto de solidaridad por el bien de España que se recuerda en un político desde hace años. Activó su chaleco explosivo y Teo, siempre Teo, pulsó el botón detonador. No pudieron atribuirle esa responsabilidad al otro chico de moda, Alberto Casero, porque anda ocupado estos días entrenando para futuras votaciones telemáticas importantes.
Todo lo que ha hecho Pablo en los últimos tiempos, es decir Teo, es nefasto para sus intereses y los de su partido en el corto plazo. Pero a dos años vista, pensando en las próximas elecciones generales, este suicidio político público acaba de sentar los cimientos para mover de la Moncloa al mayor fraude de presidente que se recuerda en democracia, que ya es decir viendo a alguno de sus predecesores.
Pablo no ha sabido o no ha podido pararle los pies a su mano derecha. O simplemente no ha querido. Porque él con Teo iba a ir a muerte. Se lo prometió desde un principio, consciente de que fue éste quien le llevo al liderazgo del partido. Pues bien, Pablo, aquí tienes tu tumba lista para ocuparla. Debiste haber escuchado mucho más a Cayetana cuando te explicaba, en persona y en su libro, los inaceptables métodos del murciano. No todo vale en política, y menos aún entre supuestos compañeros.
Todo lo que representa Teodoro a día de hoy va en contra del mantra de referencia de Casado desde que se hizo con las riendas de su partido: unificar el centro derecha. La moción de censura de Vox a Pedro Sánchez la convirtió Casado en un ataque personal contra Abascal, que no la entendieron muchos. Por el otro lado, el de Ciudadanos, Teo no ha tenido otra fijación que perseguir su total desaparición, sin considerar que el partido de Arrimadas podía haber sido un entendible refugio para muchos votantes, dudosos y socialistas entre otros, defraudados con la gestión de la pandemia, de la economía, con la mentira constante y con el deterioro diario de las instituciones.
Este 2022 viene con premio para el Partido Popular. A mediados de año toca congreso nacional para decidir al candidato que les represente en las próximas generales. Y Ayuso ya se ha cansado de jugar a la defensiva con los suyos. No le falta personalidad, tiene clarísimo que el verdadero mal de España se llama Pedro Sánchez, y con sus declaraciones de estos días acaba de postularse sin paliativos como futura candidata. Y por si fuera poco lo anterior, muchos de los políticos más valiosos de su partido (y de fuera) están deseando acompañarla en esta aventura.
Abascal, y sobre todo Sánchez, miran escépticos este tsunami popular. Ambos tienen, tenían, estrategias bien definidas para comerle la tostada al partido de Génova en las próximas elecciones. Pero con Ayuso de candidata a unas presidenciales, las cosas serán bien distintas para sus intereses. No se recuerda político con mayor respaldo popular en el centro derecha desde tiempos remotos. Si no, que se lo pregunten a Pablo Iglesias, que decidió plantarle cara en Madrid y aún sigue lamiéndose las heridas que le quedaron. Mucha suerte, Isabel. Y gracias por todo, Pablo.
Juan Miguel Goenechea
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