“Fraternidad, unidad y solidaridad”

    Félix Ovejero

El Colegio de Periodistas de Cataluña acogió el pasado miércoles la presentación del manifiesto “Fraternidad, unidad y solidaridad” del Colectivo Juan de Mairena. La moderadora fue Teresa Soler, miembro del este grupo y los ponentes del acto fueron Carlos Jiménez Villarejo, jurista, exfiscal anticorrupción y miembro de dicho colectivo; Josu Ugarte, exdirector de Bakeaz y Félix Ovejero, profesor de Filosofía Política de la Universidad de Barcelona. Este último explica el porqué del manifiesto y cuál es su importancia.

El miércoles se presentó en Barcelona el manifiesto del Colectivo Juan de Mairena. ¿Qué diferencia este documento de otros que son críticos con el nacionalismo?

Yo diría que tres. Primero, que se dirige a la izquierda, al espectro completo, invocando los valores, principios y tradiciones de la izquierda que la izquierda ha desatendido. Segundo, que subraya la preocupación por los intereses de los trabajadores y las clases populares, su unidad, y se recuerda la incompatibilidad entre la izquierda y el nacionalismo, que busca enfrentar a los trabajadores en nombre de unas supuestas identidades étnico-culturales. Y tercero, que, precisamente por lo que te acabo de decir, que nuestra izquierda es una extravagancia, por no decir, un extravío intelectual:  ha comprado integro un mensaje reaccionario como el nacionalista, que apuesta por levantar fronteras en nombre de la identidad, esto es, en conceder a unos conciudadanos la posibilidad de convertir a otros en extranjeros, en privarlos de derechos políticos. Para que me entiendas, como si los españoles pudiéramos votar la expulsión de Extremadura y Andalucía de nuestra comunidad política, de su propio país.

No es frecuente escuchar desde los sectores progresistas cosas así: “Afirmamos que no hay ningún problema de opresión nacional en Cataluña. Después de casi 40 años de gobiernos autonómicos, hegemonizados por el nacionalismo catalán, no hay ninguna persecución, minusvaloración o desconocimiento de los rasgos lingüísticos y culturales propios de Cataluña”. ¿Algo está cambiando en la izquierda española?

Creo que en determinados segmentos es así, pero, me temo que de momento, esos cambios no cristalizan políticamente. O solo dubitativamente. De hecho, Podemos y sus confluencias ha proporcionado una revitalización del reaccionario mensaje de los nacionalistas, asumiendo su relato y sus tesis políticas. Se olvida lo fundamental: lo que nace con la Revolución Francesa, cuyo lema completo es “libertad, igualdad, fraternidad y unidad indivisible de la Patria”. Y es que no hay nada más comunista que el territorio político. Todo es de todos sin que nadie sea dueño de un parte. Barcelona no es de los barceloneses ni Madrid de los madrileños.

Ciudadanos iguales ante la ley…

Mis derechos políticos, que me constituyen como ciudadano, son los mismos aquí que en Huelva, no se debilitan con la distancia. Una nación política no es una sociedad por acciones, en la que cada uno va y viene con lo suyo. Porque no hay nada que sea mío, como territorio político, que no sea de todos. En cambio, cuando salto una frontera, pierdo los derechos. Y eso no es una tontería: dentro de una frontera opera una unidad de decisión y una unidad de justicia. Redistribuimos y decidimos entre todos. Quienes creen que unos pueden decidir sustraerse a eso difícilmente pueden considerarse de izquierdas. De hecho, las mejores defensas de derechos de autodeterminación son las de Hayek y Von Mises, las del liberalismo más radical y antiigualitario, para el que yo no estoy comprometido ni democrática ni en redistribución con mis conciudadanos.

¿Cuál es la defensa de estos autores del derecho de autodeterminación?

Quiere decir, en román paladino, que unos individuos, en virtud de compartir cierta identidad, pueden decidir, unilateralmente, privar de derechos de ciudadanía a los demás. Si reparas, eso es lo que sucede también con el sexismo y el racismo. ¿Lo podría ejercer Marbella?

¿Documentos de este tipo pueden servir para que los “comunes” de Ada Colau no caigan en la tentación de apoyar el secesionismo?

Ojala fuera así. Desde luego, hasta ahora no lo parece. Colau votó a favor de la independencia y ha comprado al completo el argumentarlo nacionalista de la identidad y la inmersión lingüística. Y eso supone, de facto, desatender los intereses de las clases populares. Hoy la lengua se ha convertido en un filtro arbitrario para impedir que los españoles puedan acceder a posiciones laborales en su país, creando mercados cautivos y redes clientelares. Y en lugar de enfrentar eso, amparándonos en el importante hecho de que los españoles disponemos de una lengua común, lo que está haciendo la izquierda es inventarse nuevas barreras para impedir que “los de fuera” vengan. Los datos sobre las consecuencias antiigualitarias de las políticas identitarias están ahí, bien documentadas en la investigación. Eso Colau no lo denuncia. Eso y algo más serio. Y es que como la realidad no se parece al mito y hay que construir la nación, el nacionalismo se muda en totalitarismo, hay que forzar una realidad compleja y plural en una horma de esencias nacionales, de pueblos. Vallecas y Hospitalet se parecen bastante más que Hospitalet y Gerona. Algo intolerable para el nacionalismo.

El documento se titula “Fraternidad, unidad y solidaridad”. ¿Por qué hay cierta izquierda que pone por delante la identidad a estos valores?

Eso es algo que habrá que estudiar. Yo tengo algunas conjeturas que, casi siempre, apuntan a la composición de sus élites políticas. En todo caso, lo que importa es lo que quiere decir: vincular la pertenencia a la comunidad política a una identidad cultural supone, además de revitalizar el ideal más reaccionario, sombrío y siniestro, el que está en el origen de las grandes guerras europeas, quebrar el componente igualitario de la idea de ciudadanía: la identidad admite grados, hay unos más “puros” que otros, la ciudadanía, no. No es una comunidad de individuos comprometidos en la defensa de derechos y libertades, la del Manifiesto Comunista, recuerda: “una asociación en que el libre desarrollo de cada uno es condición del libre desarrollo de todos”.

El texto íntegro del manifiesto es el siguiente:

FRATERNIDAD, UNIDAD Y SOLIDARIDAD

  1. La preocupación creciente por las consecuencias del proceso secesionista catalán iniciado hace unos años hace necesarias la clarificación y la movilización de quienes desde posiciones democráticas y cívicas apostamos por evitar la ruptura entre el demos común formado por quienes vivimos y viven en Cataluña, con quienes vivimos y viven en el resto de España.
  2. Entendemos que no se están valorando los costes reales de establecer diferencias irreales entre las vivencias e intereses comunes de los más. Creemos que es socialmente nocivo enfrentar deliberadamente diversidades culturales mixtas y enriquecedoras que han conformado una sociedad plural y mestiza.
  3. Afirmamos que no hay ningún problema de opresión nacional en Cataluña. Después de casi 40 años de gobiernos autonómicos, hegemonizados por el nacionalismo catalán, no hay ninguna persecución, minusvaloración o desconocimiento de los rasgos lingüísticos y culturales propios de Cataluña. Por el contrario, es la lengua castellana la que, en determinados ámbitos, es considerada como lengua foránea de Cataluña. En esos 40 años, las competencias y capacidades de gobierno de las instituciones catalanas no han hecho otra cosa que crecer y consolidarse en el marco de un estado profundamente descentralizado.
  4. Consideramos errónea la reivindicación de la independencia, el referéndum, o el denominado derecho a decidir, como derechos democráticos por sí mismos. Son propuestas políticas que deben ser consideradas como tales, no como derechos inherentes o debidos.
  5. Llamamos la atención sobre el origen real de la marea secesionista, la campaña de los grupos más importantes de la burguesía catalana para reducir su ya escasa tributación. Para lograrlo, pretenden establecer un inexistente sujeto tributario, Cataluña, y de ese modo evitar la imposición directa en función de la renta. Asimismo, llamamos la atención sobre la continuidad de esa marea, el proyecto de las élites locales de consolidar un poder propio, ocultar la corrupción y las políticas de recortes, y desplazar –como ellos mismos han reconocido– las protestas sociales contra las agresiones antipopulares de los gobiernos de CiU y de Junts pel Sí.
  6. Sostenemos que los lazos de unión e interés entre las clases populares de Cataluña y las del resto de España, no solo son culturales, económicos, políticos y familiares. Son lazos de fraternidad forjados a través de siglos de compartir un mismo problema de opresión y un mismo combate por la emancipación y los derechos. El problema de una clase dominante común, cruel y rapaz, que desde Barcelona y Madrid, Sevilla y Bilbao, Oviedo o Valencia hambreaba a los trabajadores de toda España, forzaba su emigración, les hacía morir en Cuba y Marruecos, les reprimía brutalmente tras la victoria franquista. Esa fraternidad común permitió resistir y levantarse en la Semana Trágica de la Barcelona de 1909 o en la huelga general de 1917, posibilitó la república de los trabajadores y la resistencia contra el golpe fascista. Esa fraternidad común unió y organizó a trabajadores y trabajadoras venidos de toda España con los que vivían en Cataluña, y conformaron juntos un sujeto común que luchó contra el franquismo y contra las patronales, que además de serlo eran y son profundamente xenófobas. Esa fraternidad común facilitó la lucha contra la opresión nacional que sí existía durante el franquismo, y lo hizo en plena sintonía con los trabajadores del resto de España.
  7. Defendemos que romper esa hermandad por causas como las que se esgrimen no es otra cosa que entregar a los sectores populares, atados de pies y manos, a las fuerzas neoliberales, que envueltas en la bandera invocarán a la unión sagrada de Cataluña, dividirán a la ciudadanía por falsas identidades o por apellidos verdaderos, y harán retroceder hasta lo inimaginable las conquistas democráticas y sociales duramente alcanzadas.
  8. Pedimos a la izquierda política, sindical y social de Cataluña y del resto de España que ponga en el centro de su discurso y de su práctica esta cuestión: la fraternidad, la unidad, la solidaridad, nuestro demos común. Que sea consciente del riesgo de ruptura entre las clases populares en Cataluña y en el resto de España. Que sea consciente de que si esa ruptura se llegase a producir, el discurso dominante sería el del nacionalismo étnico y excluyente.
  9. Pedimos a los Comunes, a Podemos, a IU, al PSC-PSOE, a EUiA, a ICV, al PSUC-VIU, al PCE, a CC OO, UGT y CGT, entre otros, que sitúen como principal y repetido punto de sus objetivos el mantenimiento de la unidad de las clases populares en Cataluña y con las del resto de España. Es decir, que dejen meridianamente claro que su primera propuesta, su segunda y su tercera, es luchar por que no haya ruptura. Hacer esto, que no se hace, trabajar por esto, que no se trabaja, supondría quitar de la mano de esos nacionalismos étnicos y excluyentes el control del discurso y poder reconducir una situación cada vez más desbocada.
  10. En ese momento, esa mayoría progresista estaría en condiciones de exigir medidas razonables de salida a la crisis actual:
  • Que la Generalitat y el Parlament cumplan la legalidad y dejen en suspenso sus planes para la desconexión, incluida la convocatoria de un referéndum.
  • Que el Congreso de los Diputados, la representación del demos común, aborde una reforma sustantiva de la Constitución de 1978.
  1. No queremos, no podemos, no debemos resignarnos a aceptar una ruptura que puede traer consecuencias muy graves para la convivencia y el bienestar de la gran mayoría de la población, tanto en Cataluña como en el resto de España. No queremos, no podemos, no debemos aceptar que los responsables de la pobreza y los recortes, los ladrones de lo público, laven su cara y sigan manchando sus manos con más sufrimiento añadido. No queremos, no podemos, no debemos consentir la ruptura de la confraternidad entre las clases populares, uno de los principales valores de igualdad y solidaridad que nos permiten luchar, aquí y ahora, contra la barbarie y la injusticia.

FRATERNIDAD, UNIDAD Y SOLIDARIDAD


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