Ha muerto Fernando Esteso. Con su partida, no solo se va un actor o un humorista, sino que se cierra un capítulo fundamental de esa España de la Transición que aprendió a reírse de sí misma entre el humo de los bingos y las playas de Benidorm. Esteso fue, junto a su eterno compañero Andrés Pajares, el arquitecto de un fenómeno sociológico que llenó cines cuando la televisión aún era en blanco y negro para muchos.
Nacido en Zaragoza, Esteso fue un renovador de la canción humorística. ¿Quién no ha tarareado alguna vez aquello de La Ramona o Bellotero Pop? Lo que hoy veríamos como una pieza de museo de lo políticamente incorrecto, en su día fue un himno popular que sonaba en cada verbena de pueblo, demostrando que Esteso tenía el pulso tomado a la calle como pocos.
Su triunfo en el cine de la mano de Mariano Ozores marcó una época dorada de taquilla que hoy estudiamos con una mezcla de nostalgia y curiosidad antropológica. El cine de «Pajares y Esteso» no buscaba el Oscar, buscaba el alivio cómico de una sociedad que salía de una larga grisura.
Eran películas de enredos imposibles, de pícaros con buen corazón y de un humor visual que, aunque a veces fuera tildado de ramplón, conectaba directamente con el sentir de la clase trabajadora de los años setenta y ochenta. Títulos como ‘Los bingueros’, ‘Yo hice a Roque III’ o ‘Los liantes’ llenaban las salas y competían de tú a tú con los grandes éxitos de Hollywood.
Lo curioso de Fernando Esteso es que, tras la resaca de aquel éxito masivo, supo envejecer con una dignidad profesional envidiable. Lejos de quedar anclado en el chiste fácil, demostró en sus intervenciones más recientes y en cameos televisivos que poseía un talento interpretativo que a menudo la comedia ligera eclipsaba. Tenía esa mirada pilla que mantenía encendida la chispa, incluso cuando los guiones ya no le pedían perseguir a nadie por la orilla del mar, sino reflexionar sobre su propio mito.
En septiembre de 2023 recibió un merecido homenaje del Festival de Cine de Serie B de Cornellà de Cornellà, y le entregaron su máximo galardón, el ‘Golden ticket’. Se proyectó ‘Al este del oeste’, una divertida parodia de las películas del Oeste que protagonizó junto a Antonio Ozores y Juanito Navarro.
En las distancias cortas, los que le conocieron destacan su generosidad y ese carácter aragonés, noble y directo. Nunca renegó de su pasado ni de los «destapes» que lo hicieron famoso; al contrario, siempre defendió que su trabajo consistía en hacer la vida un poco más ligera a sus vecinos. En un mundo que a veces se toma demasiado en serio a sí mismo, Esteso representaba la filosofía del disfrute sin complejos, esa que se celebra con una caña y un pincho de tortilla.
El impacto de su fallecimiento en las redes sociales evidencia que su legado ha saltado de generación en generación. No es raro ver a jóvenes rescatando sus mejores momentos en YouTube o TikTok, descubriendo que el ritmo cómico de Fernando tenía una precisión casi matemática. Era capaz de aguantar un silencio o soltar una muletilla que se convertía automáticamente en parte del vocabulario nacional, demostrando que el humor, si es auténtico, no tiene fecha de caducidad.
Nos queda su filmografía, sus canciones y, sobre todo, ese eco de una carcajada compartida que todavía resuena en las salas de cine más antiguas de nuestra memoria. Se va un grande del costumbrismo, un tipo que supo ser estrella sin dejar de ser el vecino del quinto. Descanse en paz, Fernando, y gracias por habernos hecho la vida un poco más divertida cuando más falta nos hacía.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.
















