El autor Carlos R. Estacio presentó en ‘Ho tornarem a fer’ su obra «La Tribu Caníbal», un ensayo exhaustivo que aborda toda la historia de ETA, desde sus orígenes hasta su transformación en poder político a través de Bildu. Este próximo sábado lo presentará en Barcelona en el Instituto Francés (Moià, 8), a las 19:15, dentro del XXIV Ciclo de Cine por la Tolerancia y contra el Terrorismo, que organiza la Asociación por la Tolerancia y la Fundación de Víctimas del Terrorismo. Pueden consultar el programa del ciclo en la imagen adyacente (entrada gratuita).
Estacio sostiene que, al contrario del relato común, la violencia de ETA «no les ha ido tan mal», pues el terror fue una «fuerza muy útil» que logró su objetivo fundamental: «Matar a uno para amedrentar a mil». Esta estrategia consiguió acogotar a toda la sociedad vasca y es la razón por la que hoy los partidos que apoyaron el asesinato o tuvieron una «actitud tibia» gozan de una clara hegemonía política. Estacio lamenta que la violencia sea la «partera de la geografía política y moral que ahora mismo reina en el País Vasco», un «fracaso colectivo» de la sociedad española.
Un punto desgarrador en el libro es la figura del «precadáver», un término acuñado por el exrector Manuel Montero, para describir a las personas amenazadas que eran evitadas y aisladas por sus propios amigos y conocidos por miedo a las represalias de ETA. Esta opresión, según López de Lacalle, fue peor que la franquista, pues el terrorismo actuaba de manera delegada contra familiares, bienes e incluso mascotas de sus objetivos. Además, el autor denuncia la existencia de beneficios secundarios para los etarras, como el haber recibido títulos universitarios por la cara estando en prisión, debido a la coacción y el miedo que infundían en los evaluadores.
Respecto a las complicidades políticas, Estacio es categórico al afirmar que ETA fue una «escisión del PNV» de partida. La relación entre ambos ámbitos se selló en momentos clave, especialmente con el Pacto de Estella (Lizarra), que fue un intento de «rescatar al soldado ETA» por parte del PNV, ante el temor de que la reacción ciudadana por el asesinato de Miguel Ángel Blanco acabara con toda la ideología nacionalista. Esta «situación de provecho mutuo» se resume en la famosa frase de Arzallus sobre «unos arrean el árbol y otros recogemos las nueces». Asimismo, el autor critica a la Iglesia Católica vasca por no corregir a quienes sustituyeron a Dios por la patria.

En cuanto al presente y futuro, Estacio advierte sobre la aparición de los GKS, grupos más radicales que las juventudes de Bildu, lo que demuestra que si se da prestigio a la violencia política, siempre aparecerá alguien dispuesto a ejercerla de forma más contundente.
Un ‘Nuremberg’ para ETA
El autor también enfatiza la necesidad de combatir el «estorbo de ser víctima», la sensación de que las personas afectadas son una molestia para la sociedad. Para contrarrestar esta invisibilización, Estacio considera imprescindible la labor de iniciativas como el archivo de las víctimas del terrorismo de Iñaki Arteta, que proporciona voz y ayuda a las familias a cerrar el duelo, un proceso imposible para casos como el de los tres gallegos cuyos cuerpos siguen desaparecidos.
Finalmente, Estacio concluye con dos exigencias morales para el futuro, aunque reconoce su improbabilidad en el contexto actual: la necesidad de unos ‘Juicios de Núremberg’ para ETA y que el PNV solicite disculpas y rectifique su trayectoria de complicidades.
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