Los acontecimientos se suceden y la preocupación se dispara ante lo que está pasando en España. Hoy hemos conocido como presuntamente y mediante instrucciones del Ministerio del Interior a la Guardia Civil, los españoles estamos sometidos a censura previa en las redes sociales. Todo ello para minimizar «el clima contrario al Gobierno».
Se trata de la constatación de la eliminación de los derechos y libertades fundamentales en nuestro país. Sánchez y sus ministros han secuestrado la democracia amparados en la mentira y con el único fin de perpetuarse en el poder. Una involución así no se ha visto en ningún país civilizado durante esta gravísima crisis sanitaria en el que tantos conciudadanos están perdiendo su vida y lo lamento de veras.
Impúdicamente, han decidido en palabras de Pablo Iglesias «asaltar los cielos», es decir, perpetuarse en el poder, y la declaración y prórrogas posteriores del estado de alarma son la estratagema. En esa primera declaración se llegó incluso a legislar por la puerta de atrás, en una disposición final al Decreto -Ley 8/2020 de Medidas Urgentes, que el Vicepresidente Iglesias pueda participar activamente en las reuniones de coordinación de los servicios de información e inteligencia, es decir, el CNI. Todo ello sin que se justifique fundadamente las razones de urgencia de tan peligrosa decisión.
A tal efecto, os recomiendo que visionéis mi publicación anterior a esta para conocer cuáles son las verdaderas y últimas intenciones del Secretario General de Podemos. Esta estrategia totalitarista va acompañada de medidas de carácter económico como el sostenimiento, vía cuantiosas subvenciones, de un aparato poderoso de comunicación al que pertenecen entre otras la cadena de televisión La Sexta, destinada a adormecer, infantilizar, narcotizar y manipular a sus espectadores, mediante un supuesto ejercicio de periodismo veraz, objetivo e imparcial.
En comandita con decisiones de carácter económico claramente ineficaces cuando no inexistentes en verdad, nos machacan de forma permanente con apelaciones a la unidad, la del rebaño, se entiende. Todo ello acompañado del arrumbamiento del poder legislativo, el Congreso, verdadero depositario de la soberanía nacional, al que se le encomienda una función meramente decorativa en la gestión del desastre que padecemos.
El Gobierno no consensúa nada, no negocia con nadie y no dialogan ni siquiera entre ellos, sino que se pelean abiertamente; a tal efecto, la populista medida renta mínima vital, pergeñada por el Ministro Escrivá al que el Vicepresidente Iglesias acosa sistemáticamente para que la presente de manera inminente.
En ese escenario y sometidos a un aparato represor, se nos confina, más bien se nos arresta en nuestros domicilios con el «quédate en casa», los pocos que la tienen con jardín como Pablo Iglesias, cuando debería ser «trata de aguantar en el piso» más ajustado a la realidad.
Y este panorama va ligado a la penosa gestión sanitaria de la pandemia, en la que no hay tests, no hay mascarillas homologadas, no hay protección para el personal sanitario y ni si quiera hay estadística fiable. Mientras, los ancianos que perecen son legión y los hacen muchos abandonados, desasistidos y olvidados por su Gobierno que les niega públicamente el duelo y el recuerdo mediante la declaración de luto nacional, como hacen las grandes naciones por sus ciudadanos. Sobretodo, respecto de una generación que lo dió todo y que no recibe nada, ni siquiera el homenaje público y solemne que merecen.
Esta desoladora situación exige una oposición política definida, proactiva y dotada de determinación para poner contra las cuerdas a un ejecutivo inoperante e incompetente. Y también una intervención arbitral y moderadora de la Jefatura del Estado, de acuerdo con la Constitución, a la vez que el amparo y tutela efectiva del poder judicial,a través de los mecanismos legalmente previstos de intervención, que son muchos. A la par, unos ciudadanos comprometidos, solidarios, críticos y responsables que alcen las voz, que denuncien los abusos y que de forma civilizada y democrática dejen de obedecer consignas, frases huecas y comportamientos infantiloides.
Macron, Presidente de la República Francesa, acuñó su lema y movimiento, «En Marcha» y nosotros en España debemos hacer lo propio, levantarnos y ponernos en marcha para poner punto y final a un Gobierno autoritario que aprovecha la fatal coyuntura social y económica para convertirnos en lacayos del nuevo régimen que quieren alumbrar los que se dicen progresistas, porque en España no hay progreso, hay regreso, involución y retroceso. Sin conciencia crítica, sin compromiso social, sin actitud vigilante, somos un pueblo a la deriva y dejamos de tener la condición de ciudadanos. Si anteponemos a la libertad otros valores en conflicto, perderemos la una y los otros. Ese viaje no merece la pena.
Sergio Santamaría
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