El ‘president’ Pere Aragonès ha cesado a Jordi Puigneró, que como vicepresidente era el máximo cargo institucional de Junts en la Generalitat, para seguir el camino que ha emprendido ERC: el de emanciparse del mundo convergente para convertirse en el primer partido catalán y así poder reeditar, en primera instancia, los tripartitos con PSC y Comunes.
ERC lleva meses dando portazos a Junts y su entorno: su no aceptación de los nombres que los neoconvergentes facilitaron para la ‘mesa de diálogo’ con el Gobierno Sánchez; el no solidarizarse con Laura Borràs y suspenderla de sus funciones como presidenta de la cámara catalana o la negativa de Aragonès a ir a la manifestación separatista de la Diada que organiza la ANC — a la que fue la plana mayor de Junts –.
Durante años Esquerra no se atrevió a romper con la neoconvergencia, y recordemos como Oriol Junqueras no tuvo valor para ganar las elecciones a Artur Mas y acabó aceptando el trágala de ‘Junts pel sí’ que significó que la presidencia de la Generalitat permaneciera en manos del partido heredero de CDC, el PDeCAT, recayendo en Carles Puigdemont. Y eso que los sondeos pronosticaban una más que segura victoria de ERC si iban por separado.
ERC se ha dado cuenta que su camino es echar a Junts del Gobierno, apoyarse en PSC y Comunes y, si consiguen en los próximos cinco años el crecimiento suficiente devorando al electorado más moderado de los neoconvergents, gobernar en solitario con soportes puntuales. Porque ERC, para pactar un gobierno conjunto con los socialistas, ha de superarles para mantener la presidencia.
Ahora Junts tiene que decidir si acepta el órdago y prepara las decisivas elecciones municipales de mayo de 2023 sin el paraguas de recursos públicos que garantiza gobernar la Generalitat, o si se traga el sapo, nombra a un sustituto de Puigneró y acepta que se visualice que Aragonès los va a ir laminando poco a poco, humillación tras humillación, hasta su expulsión final.
Pase lo que pase, el constitucionalismo catalán ha de seguir trabajando para denunciar el supremacismo de ERC y Junts y, poco a poco, intentar construir una alternativa. Primero de oposición organizada, firme y sin complejos. Y luego, a medio o largo plazo, de Gobierno. El actual PSC, y aún menos los comunes, no van a estar por la labor de crear frentes unitarios contra el separatismo, por lo que se trata que sean los votantes de izquierdas que abominan del independentismo los que les obliguen a ello bajo la amenaza de votar nuevas opciones. Y la tarea para conseguirlo será larga y muy ardua.
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